lunes

fondo

"¿Por qué no me dijiste que era peligroso? ¿Por qué no me lo advertiste?
Las mujeres saben de lo que tienen que protegerse porque leen novelas que cuentan cómo hacerlo".
Tess, la de los d’Urberville, Thomas Hardy.

Algo en la garganta que tiene que salir. Tengo un resto de estrellas que son como esquirlas de algo que se rompió pero aún está allí. Corro una parte de mí y lo veo, brillando aún, en el rincón más inhóspito de mi piso. Hay un sonido incompleto que busca llenarse, un recoveco al que no llega ni la más honda de las dagas. No tengo idea qué será eso, pero lo conservo. Vive en mi mundo onírico como visitante imprevisto, es una mirada insondable. Sólo la sensación de un libro nuevo, por leer, puede provocarme la tempestad de estar frente a la fibra de la vida y sentirla correr dentro de mí como si fuera el último minuto del mundo.

miércoles

runa de la confianza absoluta

Esto decía mi 2012 comenzando, lo puse en un papel, lo guardé. Esperé. 


Reconocer que el cuerpo nos lleva a pasar una temporada por acá. Darnos crédito, querernos, confiar. Que es necesaria la oscuridad, que ya pasará. Que allá está la superficie, que saldremos. Que allá arriba hay casas, puentes, ríos. Que acá abajo hay peces de formas extrañas, pero que brillan, también, con luces singulares. Que hay que ir abajo, bien abajo. Que la luz se reduce a una delgada estría en el agua. El mar adentro, el mar abajo. Ya no sirve contemplarlo desde la orilla como ese montón de agua incesante. Ya en el fondo, inquietante. Azul, azul el fondo, azul inesperado el fondo.

marzo, 2012


(Marzo que me traés una runa en blanco. Al mismo tiempo llena y vacía. Que me pedís un acto de valor, una prueba de fe. Saltar hacia mí como quien confía en esa agua arremolinada. El vacío es el final. El vacío es el principio).

doce

hoy que es doce de un año circular, me entrego al arrullo del universo que sabe qué hacer. soy una con todo y con todos. soy viento que en este momento está besando el mar, soy luna blanca sobre una montaña, soy las estrellas que dibujan maravillas sobre un campo boca arriba. soy todas las mujeres que en la oscuridad quieren ver la luz, soy su madre, soy el refresco de una noche debajo de un pinar, soy el ronroneo de mi gata hechicera, soy las manos de una abuela arropando a su nieto, soy el mar de las costas del este, soy una semilla que aguarda confiada bajo la tierra al sol. soy el amor.
 

lunes

where or when


Nosotros vamos a veces a encontrarnos a solas. Y siempre pensamos que el tiempo es poco; que los hoteles deberían tener libros, sillones y mates para compartir. Sabemos que lo que sucede allí adentro es nuestro y que se va con cada uno cuando retomamos nuestras vidas. Queda en nosotros como  recuerdo, como páramo gustoso que no se puede contar por escasez de palabras. Y nos gustaría que la pasión fuera lo único. Pero no nos deja chance: nuestros cuerpos buscan de a ratos el abrazo cómodo que salva. No nos queda otra que sucumbir ante la ternura y encontrarnos vulnerables y sorprendidos. Podemos a veces transpirar, llenar de sexo una noche, morir, volver y morir. Podemos luchar despiertos sobre el deseo que nos tenemos, aspirar hasta el último de los aires posibles y resucitar.  Sé, no lo decimos, que pensamos de a ratos en la vida. En lo que quedó afuera. En lo que espera afuera de ese cuarto bello e inmundo. Donde otros cuerpos rieron y dolieron antes. En el entreacto nos ocupamos de reflexionar, y vienen autores, poetas, actores a justificar el sentimiento. Ninguno lo dice, pero tenemos un pequeño enojo con el mundo. Estamos tantas veces a punto de decirnos frases universales. Tantas veces a punto de entregar el traje. Y nos da miedo, y enseguida pensamos en otra cosa, buscamos la excusa que ninguno se cree.  Y así seguimos, estupefactos, creyendo que nos sucede lo irreversible, pero así es la vida, viste. Entonces sonreímos para evitar el temor. Es como un saber tácito medio angustioso y medio feliz. A veces entreabro mi boca y tomo aire para decirlo. A veces lo hace él y yo me doy cuenta. Y lo dice con los ojos, porque los cierra un poco, como si algo le doliera adentro. Sé que lo que nos tenemos es algo que se parece al cariño o a la guerra. Sé que él sabe tanto o más que yo acerca de esto que sucede. Lo evitamos. Y nos lo perdonamos porque de otra manera sería terrible. Los hoteles quedan un poco desordenados luego de la búsqueda en las sábanas. Entonces la vuelta nuestra es siempre silenciosa. Subimos al autobus y no conversamos tanto. A veces a mí me dan escalofríos y me retuerzo por el recuerdo reciente de su piel. No lo disimulo, pero él no dice nada, ni se sorprende. Nos tocamos la mano apenas. Miramos los semáforos.  Supongo que intentamos bajar los niveles de la ternura, para que no duela tanto porque la noche es larga. En sus ojos queda algo de esa habitación calefaccionada, y me da miedo mirarlo mucho. Entonces nos vamos, nos despedimos con más incertidumbres que antes. Con más temores. No sé  por  qué lo hacemos cada vez, si la despedida es tan triste. Pero la próxima, sabemos, será como si la anterior no hubiera sucedido. Será esperada y planificada. Con las pieles renovadas y el ardor. Y la mueca de lo que no podemos decirnos. Y los intervalos. Y el abrazo áspero. Y la tristeza. Así, hasta que toquemos el  fondo de cada una de nuestras camas. Y nos tengamos que despedir de verdad.






jueves

amar, soltar, cantar




No quedan voces si no cantás
No quedan manos si no las das
Vendrá el otoño y se llevará
Todas las hojas que amarrás




domingo

aquíahora


Le tememos a la felicidad. A su duración, a su porqué, a su fin. Nos cuesta permanecer felices, nos cuesta decirlo, celebrarlo. Por las dudas, no vaya a ser que se termine, que una gran tristeza sobrevenga y nos deje secos, oscuros, arrepentidos.
Hoy por primera vez en muchos meses me animo a ser poesía: andar por la casa descalza, tomar el mate en pequeños sorbos mientras la espuma desaparece, abrir el balcón y dejarme emocionar por la brisa que me trae el olor a jazmín estrella que acaba de florecer. Me animo despacito a mirar a la gata que se enrosca en el almohadón verde y me mira buscando amor, un amor que tengo y le quiero dar. De a poquito me siento en mi cuerpo, me arriesgo a sentirme, a vibrar nuevamente con la música que me habla. De repente pero lentamente la soledad no es un hueco que me reduce, no es un vacío mortecino que me atormenta. De nuevo el silencio se llena de mí y no le temo.
Me arriesgo a ser feliz en este momento pequeño, pero esperado. Estoy sola, viva, emocionada. Recibo el domingo con la Maga que ronronea y marca el pulso del universo. Me asomo un poquito a la plenitud, escucho la música de mis orígenes, respiro, bailo como anoche sobre el escenario. Brillo sobre el mediodía como niña nueva y me animo, paulatinamente, a creer.


miércoles

La Maga



"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico".

Rayuela, Capítulo1.

Hola!
Un día llegó. Una gatita nueva, a estrenar. Con un lunar en la pata y una nariz rosa como los cachetes de los niños. La Maga es. Se lame mientras me mira desde el azul profundo de sus ojitos. Se acurruca y cabe en una de mis zapatillas. La Maga proyecto, la Maga sueño de una casa que se transforma, que espera el verano para salir al sol. Ella es nueva, nuevita. Tiene treinta días en el mundo y una tarde en casa. Tiene en sus patitas buenos augurios; en su salto, ritmo del sur y evocaciones del mar en sus ojos. Ella es la Maga, enlazadora de mundos. Viene a transformar el mío y el de la Concu. Viene a mostrarnos algo, a enseñarnos cómo es esto del amor y de la mano abierta que recibe la abundancia del universo. En el ronroneo de la Maga habrá algo que descubriremos y nos hará mamás de todo lo que vive.

Un texto que me debía


Los adioses son los que me empuñan la letra, ya lo sé. Los finales son siempre los parte-aguas que me obligan a revisar los pasos y a sentarme a escribir. Un moño, una cerradura, una llave. Un hasta acá. Mi tendencia conservadora se estira y se amolda a niveles absurdos. No puedo con los finales: los tengo que remontar como barriletes de barro. Un poco pesados, un poco desbordados. Los finales son cada vez algo nuevo. Un nunca haber estado allí, un dolor seco en medio del corazón. Un no más. Un rechinar en las articulaciones, una falta de aire.
Los finales son un frontón sobre el que me estrello. Y me quedo allí un tiempo, me crecen malezas, duermo incómoda. Hasta que salto a través, como hoy. A fuerza del mundo que se me impone con las decisiones que yo no tomo. Me cuestan los finales y corto mis raíces como bonsái. No crezco, me quedo hasta que una tormenta me voltea.
Luego amanece y al fin entiendo. Aprendo que nunca podré definir eso que dicen “dejar fluir”. No sé hacerlo. Me perdono. Me siento a ver cómo se vacía mi corazón, lo disfruto. Me quedo escuchando el soplido de un vacío que me aturde pero que dice, en el fondo del viento, que es comienzo. Me perdono, me doy cuenta, me entrego. Dejo ir.


martes

Soplá las velitas, Mar

Deseo construir algo que te cobije
hacer a un lado mis roturas, 
mi cansancio
mis costuras
recuperar la candidez de los días en los que era nueva
y amarte con canciones
riberas
amaneceres
inéditos, como mi cuerpo, inédito

desnudarme de prudencia
de otras ciudades, de esta ciudad
-que te recibe y te murmura
al oído que te quiere-

Deseo arrimarle al amor
palitos, ramas, pelusas
que sean puentes, túneles, pasajes
-y ya no diques, murallas, escolleras-
homicidas de los cauces y los oleajes

Deseo despojarme
verme en la pureza excitante de las cosas por hacer
en la poesía fresca del verano
en tus ojos nuevos cuando mirás el sol 

jueves


"Ahora podemos entender mejor el abismo que separaba a Sabina de Franz: él escuchaba con avidez la historia de su vida y ella lo escuchaba a él con la misma avidez. Comprendían con precisión el significado lógico de las palabras que se decían, pero no oían en cambio el murmullo del río semántico que fluía por aquellas palabras".
Milan Kundera, La Insoportable levedad del Ser.





Claro que no te pude dar mi amor, hombre
y que no se enredaron en mí madreselvas que te sujetaran
como estampas vivas 
tan cierto que no pudimos despertar de nuestro ser así
y nos mirábamos en la calle como mojones silenciosos 
que marcan el fin y el comienzo
pero que no se acercan, ni se rehúnden
y unas babas del diablo los unen, tímidas
si acaso
no tuve de vos más que tibieza
no quise de vos más que tibieza
nos encontrarnos rasgando el corazón de antes
para hacer uno nuevo, para reverdecer
yo llegué aquí abajo, ya me ves
desde donde puedo verme 
y verte
y vernos ir, mejor así
claro que no te pude dar lo que se da
acaso sanamos 
nos curamos como los lobos
en una cama vital
y en los paisajes de nuestras fotos

estamos ahí ahora, nos veo
en felicidades sin más allá
nos habremos filtrado
en las constelaciones de nuestros cuerpos pasados
en la alegría tibia de los interludios
en la página marcada de los libros vivos

lunes

arrullo


Con lo que me cuesta salvar las letras hoy
y aún desgarrada por el pánico que no me suelta
puedo decir con mucho esfuerzo
que tu abrazo se parece al origen de todas las cosas
al arrullo del viento
y veo la mujer que soy del otro lado
metáfora, cielo, pluma
una luz allá, una promesa
una tarde amarilla
una sensación de que la literalidad me soltará, eventualmente
y regresará el verano tornasol
a curarme la piel y la poesía
y me mecerá el sol

[esto también pasará]

miércoles

paréntesis




(El corazón se me reduce a un puñado de piedritas del río cuando pienso en ese invierno. Celebro tu llegada de aguardiente aún hoy que no existen los cauces por donde anduve. Quizá me quede con un poco de azul, con algo de lo profundo azul azul que vi cuando nos miramos de cerca y la habitación era un huracán lleno de peces venidos de otras latitudes. Quizá con algo del mar que marcó los ritmos de mi adultez espuria. Quizá con nada. Pero me dolerán en los años estos rastros de minuto intransigente, de nudo por dentro y pinchazo seco cada vez que te presienta.Y te habré querido, compañero, en algún lugar del litoral, subordinada a tu mirada de lluvia indescifrable).

lunes

para leer juntando las manos


Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos.
Que el viento sople siempre a tus espaldas.
Que el sol brille cálido sobre tu cara.
Que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos,
y hasta tanto volvamos a encontrarnos,
que Dios te guarde en la palma de sus manos.


Antigua bendición irlandesa



Que los días oscuros culminen 
que los pájaros regresen al mirador
y encuentre el centro en el que estoy
que seré una nueva de ser necesario
que me acunen las manos del universo en un arrullo interminable
que me daré como semilla amarilla que soy
al suelo fértil con alegría
que el plenilunio me alumbre
y no se me vaya la poesía
que me abraces en la noche
que dibuje los mandalas que me fundan
que los mudras me curen el alma
que el mar, las montañas y el espacio
me hagan el guiño que necesito
que el camino tenga manzanilla, surcos, sauces
que se abran los vórtices, los portales y mis manos
que mis antepasados me guarden
y que haya siempre ventanas de nubes donde poder ver 
constelaciones, lunas, mundos posibles,
una noche de amor al sereno del cosmos 

anotaciones de una playlist infinita

es que a veces
en las ventanas
que renuevan cuerpos
colores
y penas
cancionistas
que hicieron todo su esfuerzo 
en caerme simpáticos
en afinar su estilo
en tocarme el corazón
estás vos
latente 
asediándome el shuffle de las mil mañanas
sitiándome la costumbre cándida
de emocionarme hasta la asfixia
repeat all
vos
viviendo en mi playlist
permanente
azuzándome los ojos
como si nada de todo
hubiera pasado
y en la noche sonara una Elis Regina eterna
o el final de una rapsodia que descansa
en las espaldas
de la gente que se enamora


(Salí eyectada de ese lugar, como si alguien hubiera puesto una rodilla en mi espalda y me obligara a saltar hacia la calle ciega y confusa. Ahí adentro había experimentado algo  breve que me entorpeció el alma con intensidad y la boca de sabores viejos. La cercanía, el rumor de una voz oscura, la conjura, resonaban en mis huesos y los hacía pulsar. Se espantaban y había que huir, claro que había que huir, mi dios.
 Aunque nada de eso percibí con claridad hasta que estuve fuera del lugar y te dejé atrás. Un recuento infinito de murmullos vivieron en mí hasta llegar a mi casa. Pensé cosas. Que el amor o -eso que se le asemeja- nos deja débiles. Que de repente todo era silencio por fuera. Que estaba feliz, sin embargo. Que sólo si me cortaban las manos iba a dejar de tocarte. Que sólo si me quitaban el cuerpo y no me dejaban nada. Nada de nada. Que quién sabe cuándo me vuelva a pasar. Que quizá la muerte venga con esas sensaciones. Que tal vez ya había muerto y lo que quedaba de mí era un cuerpo corriendo inerte como en una cinta sobre el suelo y que la vida que sentía que estaba viviendo era sólo memoria. Que cuánto voy a escribir cuando llegue a mi casa. Y te vi, agarrándome el puño. Haciéndome la fuerza necesaria para que de mi lapicera salieran raudas las hijas del deseo a vivir en el papel.  Y me vi, con el saco puesto aún, sentada en mi escritorio, luego de haber visto la mudanza diaria de las aves a las siete, escribiendo).

“Apenas si teníamos recuerdos
comunes que salvar de la tormenta”
Rodolfo Serrano

Debo sacar esta artillería de palabras para decírtelas a vos. Debo encontrarlas, sostenerlas, amaestrarlas hasta que puedan ser un regalo de adiós y buenos augurios. Hace días que me voy sacando las noches y los besos para que no duelan tanto. Quién sabe si algún día tendremos otra cama que compartir y si nos acordaremos de este hueco solo y amoroso que creamos para coincidir.
Lo cierto es que va quedando poco ya de este hilo y me tengo que sacar la poesía.  Para encontrarle una forma, qué se yo, para sincerarme. Fui trabajando el olvido en tu presencia. Me fui desnudando de vos enfrente tuyo. Vos me veías, o eso parecía, pero no tuviste ganas de decirlo. Lo mismo que yo. Sólo que a mí me dejaba sola el amor y la noche pasaba más lenta. Y en esos momentos se decide más rápido: O se quiere con locura, se toma la taza por el asa y se abren mares peligrosos. O se deja ir. Y así dejando, a pasos cortos y cansados, me voy yo.




miércoles

collage de río



¿Cuándo, cuándo, mi amiga, junto a las mismas bailarinas del fuego,
cuándo, cuándo, el amor no tendrá frío?




[Juan L. Ortíz]









martes

alivio de luto

   





[Al otro lado de los apagones,

al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra]

lunes


El sol se metió en su gruta 
los mares se hunden mojados 
yo soy un nervio de atados 
un llanto largo y profundo




Me repliego en mi propia piel, me escondo. Hay amaneceres que emocionan, pero no me llegan. A los abrazos le faltan manos. Soy un laberinto solo y mudo. Soy una angustia en el plexo solar que no puede brillar. Soy un ovillo en una esquina de la cama. Un dolor en la boca, soy un pez temblando fuera del agua. Soy una soledad novedosa, una oruga, una niña asustada. Soy una mujer que mira el caracol de un faro desde abajo, esperando el final del vértigo para volver a ver el mar.



http://www.youtube.com/watch?v=5KvdeEc6KO0

Que a veces siento que no soy yo
que googleo mi estado de ánimo
que estoy flaquita
y me dan miedo los espejos
que leo horóscopos 
y tomo tecitos 
que se me llena el cuerpo de laberintos y llantos
que tengo pesadillas
que me siento cruz, mandala, misterio
que quisiera saber rezar 
de nuevo




[y que anido en el amor algunos días/ me dejo abismar /y reaparezco en el medio de un abrazo/ que es paisaje, círculo, oleaje/ taza de chocolate caliente en las manos/ siesta de otoño/ mudra perfecto que valdrá la pena inventar/ todas las veces que esté ahí, brillando/ y a mí me queden canciones de Drexler por oír]

viernes

crepúsculo

[La luz es difundida en todas direcciones por las moléculas del aire, llegando al observador e iluminando todo su entorno]

Siempre pienso que en los minutos que dura un atardecer, dios o esa fuerza que se llama dios a veces, nos abre las puertas de algo. En esa puerta o ventana que se llama crepúsculo, alguien nos deja ver qué hay más allá. Un ratito. Y las nubes son a veces una costa con mar y gaviotas, una bahía amarilla de arena, un paul klee sobre una pared azul, un puñadito de frutillas recién lavadas, unos copos de azúcar iluminados por la siesta en la mano de una niña que juega.
Esta tarde, por ejemplo, tiene un barco encallado en una playa. Y el sol ilumina los bañados hasta convertirlos en espejos que alguien olvidó sobre la arena. 
Hay cosas de este mundo que no me quiero perder. El crepúsculo breve que aparece en mi casa es una. Aunque breve, es una puerta. Y ya sabemos qué funciones cumplen las puertas en las casas, en los besos, en los juegos.

martes



[Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto]








miércoles

make up II



“gira inexorable el otro engranaje,
la noria invisible de las transgresiones”


la que saca chispas a la pista
el que compra sonrisas intestinas
el que relojea
la que se descalza en la copa rota
la que arrima migas
en la mesa de los cadáveres de la cena
y los hace montoncitos

(porque quiere y no puede
y los montoncitos de miga con los dedos
salvan del temblor de bailar con él,
del riesgo sísmico de la cumbia)

el que relojea
la hermosa de siempre y sus periféricos
las pudorosas de 50
los poderosos de 50
el que aprieta el vaso
y mastica hielo

(porque ella no mira, baila y no mira)

el que anuncia que no sabe
la que serpentea en las inmediaciones del disc jockey

(porque quiere y no puede
y las convulsiones del reggaeton
marean al decoro y al marido bobo)

el misterio de él, que no se sabe si
la vieja que hace mímica
no la dejes ir, no la dejes ir
¿por qué? te lo digo yo
¿quién es? violeta
que se lleva mi corazón

en el baño, yo ya sabía,
después del espasmo de caderas
el labial le dio una mano
a la poesía
al caos subterráneo de la vida

al baile implícito de la pista

que se sembró obsceno en el papel
y vibró solito
al compás de la cumbia

Make up

*
*
¿Y qué tiene de malo escribir poesía con el denileador de ojos?

es que iba a explotar
un pelele contaba chistes de suegras
y la señora del fondo se reía, morada
y el mozo le servía una porción más grande a la del pantalón blanco
y a la jefa de sección le cabeceaba el de tesorería
invitándola a bailar el bombón asesino
y ahí el marido
impávido
tosiendo el vermú

tanta poesía
iba a explotar

en qué momento la forma de las cosas obliga a correr

el olor a pucho del salón
el perfume del contador
la del pantalón blanco que escribe cartas al mozo
una servilleta que abolla y muere
se me llenó la cabeza, mirá
tuve que ir al baño y hacerlo

no avisa la poesía

cuando encuentre una birome lo paso

ya está vivo, mientras tanto

lunes

indecible


"(...)o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, 
azares o improbabilidades, y ahí te quiero ver"
J.C.

Es una sensación, una tibieza en el plexo solar, un montón de gorriones. No sé. 
Sé que no la podré aferrar a este soporte. Sé que no me pertenece. Sé que no está en ningún lado y sin embargo vive en toda la que soy. Aceptar lo indecible fue sólo el comienzo. Es una tarea más difícil que lo imaginado. Todo muy lindo pero yo la quiero escribir, eh.
Resulta que vuelve y canta con firmeza. Vive donde no llegan mis caminos mentales. Es cálido, abrumador, lindo. Está cerca del Paraná y abraza. Es una foto. Es el horizonte lleno de isla. Es una calle imprevista. Es a lo poco que me puedo acercar por ahora. Lo siente mi cuerpo y quizá baste. 


martes





Se me va la palabra y la veo irse con certeza soberbia. Viene el río, viene la hermosa elipsis de los besos tibios, el rayo que ilumina mis zonas inhóspitas. Se me van las formas y quedo a merced del tiempo alterado de las profundidades, ese que se parece a nada. Que se traza y se desboca según un viento denso y desconocido que me deja vibrando. Se me va la palabra y no me inquieta. 


Me queda un silencio lleno de partes lumínicas que se empeñan en permanecer. Me quedan restos de cumbres frenéticas en las que identifico una felicidad que cabe en una mochila o en una maceta de mi balcón. Se me va la palabra y no la persigo. Viene con buenos augurios y quietud sobre el río de noche. Viene en forma de ardor en los dedos. Viene brillando sin nombre desde las profundidades del océano. Allí donde todo puede ser, aún sin ser nombrado. Y resplandece.

lunes

cuerpo despabilado
hecho cuerpo
burbujeante espacio por donde entra el viento
y las voces penetran como canciones nuevas
cuerpo que se vuelve cocina ruidosa
cuerpo en la costa
en la isla
cuerpo mío que no termina en el empeine
y sigue invisible en una danza de serpentinas infinitas
cuerpo mi escuela que rueda en la cama y ríe
y anhela el mar
y cruza caminos


mi cuerpo árbol que se mece nocturno en la luz de una casa lejana
canal que ofrezco al mundo
para que los pájaros tracen su ruta
y me atraviesen de lejanías nuevas
mientras juntan su azabache en una bandada liviana
cuerpo cauce del amor 
que se afecta y se estremece
barranca nueva que no busca el misterio

 que lo anida 
es
y lo comparte
como naturaleza exultante

viernes

metáfora

Como el huracán de Deleuze que avanza alegremente
como el atardecer siempre distinto de mi balcón
como la música, quizá como la música
como el viento que nos vuelve viaje
como el mar que nos revuelca
y nos deja de cara al mundo
de un momento a otro
derivando

sábado

aprendiéndome

 “Se tiene el corazón que se trae por defecto, 
así como Aquiles por su talón es Aquiles”



Se me junta el mundo. Todas las que soy o pretendo ser, se me junta el agua en el corazón, en el cuerpo. Corren por mí filas de pequeños seres que me piden salir, que no quieren esperar. Y ahí está, mar de antaño, agua salada que por años se detuvo.  Lo dejo salir. Lloro. La angustia se transforma en nuevas flores y me vuelvo nueva.  Miedos y dolores viejos tomaron mi extremidades y me instaron a dejar de disimular. 
No soy la misma luego del llanto.
Sí, tengo miedo. El miedo más fiero. El miedo de todos. Ese miedo atávico, crudo. El mismo miedo que siente un niño pequeño cuando se lo olvidan en la escuela.
Soy una mujer.  Soy vulnerable, le temo a muchas cosas. A veces necesito compañía. A veces llamo a mi mamá a la madrugada. A veces quiero a mi papá cerca. Sí. Creo que estoy a tiempo de decirlo.
El llanto es silencio ahora, es juntar las manos y reverdecer. Es la decisión de no dejar nunca más pasar la noria sutil de la tristeza como si nada sucediera. Es no acopiar duelos ni guardarse los besos para después.

Timing is the answer.