jueves

Página 330. El sur al fin.

—Quién sabe qué conjuros dieron con este paradero

De mujer sentada y lo llevaron

-volando, riendo- a tu ciudad de puras alas.

(Mariana, luego de haber leído la novela

que prometía viajes y mujeres con nombre de isla)

Isla de Chiloé, al sur del sur.

Dicen que si Ella sale a la mañana y comienza su danza mirando el mar, habrá abundancia de peces.

Si baila dándole la espalda, los peces se alejan.

De ella dependen los pescadores de la Isla de Chiloé, al sur de sur, en lo más azul de Chile.


miércoles

Invitación



Mi pequeño mortal está respirando en la oscuridad. 
Se mueve y necesito decírselo.
Sueña, pero tengo que decirle:

No dejes que alguien sepa dónde queda esta isla
Guardemos todos los pájaros
Coleccionemos las estrellas que se ven
Retengamos el sonido del mar acá, en este huequito de manos
Quedate conmigo 
Y con la gata que se nos arrima despacio


Mi mortal isleño sigue refunfuñando en sueños

Espero que en algún escondrijo de su oído
Haya quedado prendada esta isla de espuma y mar que le propongo.






lunes

Antes no pensaba en el tiempo. Ahora sí. Qué cosa.

"ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado"

joaquín sabina

A veces me visto de día soleado y salgo

Por las esquinas, cuesta abajo


Persigo conejos con relojes de mano
los saco de mi gorro
O de mi boca -como Julio- 
Desafino Va Pensiero

Y me río

Lleno de atajos mi biografía
La borro con el codo
Hago barquitos con esos infames papeles
                              O aviones, o tortugas.

Descuento la historia


(Vacío los cajones donde algún día dejaré mis zapatos
Deshabito la biblioteca donde pernoctarán mis libros
Lleno de aire azul el espacio donde alguna noche
Estaré escribiendo esto

Que termina

Acá)

viernes

Peces de luz


La lluvia cobija un beso
en la sonrisa de la ciudad
y el río viene creciendo en mi corazón
escucho voces de agua
que hablan al niño que vive en mí
y cantan una tonada que no aprendí

yo no sé porque elijo para quedarme
un escondrijo de tinta azul
donde quietos peces vuelven la tinta luz

La lluvia destiñe el río
y se descuelga para buscar
los peces de luz
que escapan por la ciudad

*

*

Letra: Livia Vives (gracias por eso)

sábado

Stay



Stay just a little bit longer

Please, please, please, please, please

Tell me you're going to



(...)

Tell me you're going to

Come on, come on

Come on and stay



(Maurice Williams)

lunes

Señaladores

Boletos de colectivo, pétalos, papeles de Bon o Bon,
tarjetas de navidad, hojas de árbol, plumas
(Deberían regalar señaladores cuando uno llega a la vida)
Marcar el momento del libro de cuando nos subimos a la montaña
o vimos el mar
Hacernos el dulce favor de hablarle al nosotros del futuro
y contarle
de esa página
Dejar rastros
migajas
para poder volver y encontrarnos
en los ojos del que leía en otro tiempo
...o perdernos
preguntarnos
por qué marcamos ese punto
esa meseta de la historia
ese verso de la poesía
y no saberlo
nunca
he allí la vida

viernes




Hoy compré muchas verduras en el supermercado que está cerca de aquí. Pensaba, mientras el señor de uñas onduladas me pesaba los tomates, que me hubiese gustado trabajar en una verdulería.

“¿Cuántos kilos va a llevar, señorita?, ¿le corto medio repollo? Me hubiese satisfecho enormemente poner un zapallito al lado de otro de manera escalonada sobre las góndolas. Si trabajara en una verdulería sabría que la felicidad está allí, en el mar viscoso de frutillas, que se deja penetrar por mis manos y se escurre por arenas y jugos rojos.
Andaría por la verdulería a tientas, con la lucidez de quien no mira, sosteniendo un pomelo rosado con mis dos manos de uñas onduladas y aspirando hasta la última generosidad de su acidez. Palpando con las yemas recorrería el pelotón de duraznos. Haría descansar mi nariz sobre el nivel de pelusas que bien simulan el atardecer. Pondría las uvas negras y blancas justo al lado. Ah, el mar y el atardecer. Cuánta belleza.


Sé que elucubraría millones e infinitas maneras de combinar los colores. Que pondría las calabazas de cuello largo todas juntas.
Sé que te agregaría un par de ciruelas cuando vengas a comprar medio kilo.
Y te miraría risueña mientras agarrás el vuelto y te vas.

sábado

Para un dibujo de Quint Buchholz,
que muestra por qué es tan importante
que las niñas pequeñas tengan libros”
Elke Heidenreich




—Ahí está el río
entre mi dedo que señala y el agua que viaja hay una distancia dilatada, triste.
Los protocolos terrenales la hacen extensa. Miro el agua desde lejos.
—Cuando terminemos de rendir vamos al río
El agua está en el horizonte de esta vista de ciudad. Sólo puedo acariciarlo con mi dedo desde este balcón.
Los espejos, los remansos, esos salientes verdes que de cerca se llaman barrancas, la isla de enfrente y sus habitantes misteriosos. Todos ellos son un cuadro de Quint Buchholz. Una ventana. Un libro que mi padre me regaló. Unas ganas de estar allí.

Ahí está el río. Inmaterial. Obstinado. Mi dedo dibuja sus imperfecciones.
En estos tiempos me toca esperar que una brisa con aires marinos invada el balcón algunas tardes.
Para llegar hay que cerrar los libros y las puertas. Hay que colgar los relojes y quemar el calendario. Y la cuenta de la luz.
Para llegar hay que bajar la calle con pasos largos. Escuchar los pies que pisan, que se empeñan en enmudecer el cuchicheo de una ciudad que sólo existe si volteamos.

jueves

Una noche, María Elena se quedó sin sombra



“Mirá... ésta es la última vez, sombra desgraciada. Garabato de mí sin permiso. No voy a seguir buscándote. Me cansé... Ah, los zapatos te los podés dejar, sombrita sin importancia. Después de todo, no me hacés falta: mi lugar en la cama se ha ampliado enormemente y el café me dura más. No me interesa que el ascensor no me reconozca, he redescubierto las escaleras y puedo darme el lujo de subir los escalones pisando sólo los impares, sin tener que verte a vos jadeando de cansancio.
Me he acostumbrado, crepusculito nimio, a la liviandad.
Te habrás enamorado de algún caminante falto de nube negra. No me importa.

Que te garúe finito.
María Elena”

Le dejé la nota en la parada del colectivo. Esa esquina guardaba despedidas y cigarrillos sin terminar. El papel estuvo allí por dos días, luego desapareció. La vida sin mi sombra era incompleta, (pero dada su condición femenina, decidí parecer inquebrantable, como hacen los hombres sin alma a las mujeres en busca de). A los varios días, el portero de mi casa, luego de su habitual comentario acerca de mi delgadez con ojeras, me entregó una carta que alguien había dejado para mí en el buzón equivocado.


Una vez que salen de uno, los personajes se van como las sombras a pasear quién sabe por qué mundos.
A veces regresan, dispuestos a que continuemos con el cuento y a que sigamos garabateando formas de apresarlo.
A veces se van, como María Elena.

Estamos condenados a esperarlos.

miércoles



Respirando lo que la ciudad ofrece como aire.
Revolviendo esquinas que doblan tan rápido.
(y se me va la calle pensando qué decir...)


"Le comenté: -Me entusiasman tus ojos.

Y ella dijo:-¿Te gustan solos o con rimel?

-Grandes, respondí sin dudar.

Y también sin dudar me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Angel González".


A veces puede la ciudad del malamor sorprenderme.
El papel habita el bolsillo izquierdo. Todavía.

martes

La mudanza, de Claudia Masin


Hay un amor al extravío en todas las personas extraviadas,
a la larga uno levanta su casa donde resulta que ha caído: arena, agua, barro, tierra firme.

¿Pero y si resultara posible la mudanza,
si el movimiento no fuera una explosión
que de improviso transporta las moléculas de un cuerpo, de un lugar,
si el movimiento fuera desprenderse como se desprende
una gota de una rama si fuera algo así de lento, así de irreversible?

jueves


Y me fui a ver qué pasaba


Asomé mi nariz despacito


Encontré una calle. Tres pasos


Dos boletos de colectivo


Un mar que soplaba las espaldas del vidrio



***


¿todavía espera (usted) a alguien con un martillo en la mano


y su reloj en la otra?

domingo

Uno de Pizarnik

(En vez de enojarme con la musaraña por no haber venido, me dediqué a escuchar.
La escuché a ella, después de muchas telarañas y libros mutilados.
A veces la musarañita se va por otro lados. Y otros dicen mejor que yo).

Presencia

tu voz
en este no poder salirse las cosas
de mi mirada
ellas me desposeen
hacen de mí un barco sobre un río de piedras
si no es tu voz
lluvia sola en mi silencio de fiebres
tú me desatas los ojos
y por favor
que me hables
siempre


Alejandra Pizarnik

martes

De cómo contarlo






Hay una brisa que no entiendo –me dije y continué.

cuánta cosa alrededor

tanta mirada curiosa, tanto ruido de noche

lunas de centímetros cúbicos que brillaban

humo cristalizado en las pupilas

otros idiomas

oídos con nuevas noticias

agosto

feliz cumpleaños, Oliverio


(Debajo de los pies yacía el mundo

de esa manera disimulábamos el vuelo)


domingo

Confesiones de un recién llegado

Recién llegado por definición es: aquella diferente persona notada en seguida por todos, que llegado recién a un país de la clase de los diferentes, tiene el aire digno de un hombre que no sabe si se ha puesto los pantalones al revés, o el sombrero derecho en la cabeza izquierda, y no se decide a cerciorarse del desperfecto en público, sino que se concentra en una meditación sobre eclipses, ceguera de los transeúntes, huelga de los repartidores de luz, invisibilidad de los átomos y del dinero de papá, y así logra no ser visto.

Papeles de Recienvenido. Macedonio Fernández