sábado

La latencia de la acción




La latencia de la acción. Aquello que todavía no sucede, pero está allí, como río de fondo, corriendo. La latencia. Aquello para lo que he nacido y escribo. La luna negra de la latencia. El bajofondo de la vida. La certeza más allá de esta palabra. “El silencio desde donde la música es posible”. Lo que late, lo que nutre como hiedra que viste a mi espalda. El hidden track que me nombra despacio. Un sinfín de posibilidades cuánticas que ya están sucediendo en otra casa, igual a la mía. El suelo que pisás. Las concurrencias. Lo que todavía no sé pero conozco. Tus ojos llenos de gente.



La latencia por la que escribo, que se parece al minuto antes de una tormenta, o de una nueva vida, o de una explosión. El instante en el que sobreviene el olor hermoso de las lluvias y los alvéolos se llenan de verde aire. Ese segundo en el que las ciudades se paran con sus taxis llenos de gente a medio ir. En el que se ensordece todo y el suspenso te duele en la piel como duele el frío o el amor. Lo latente me convoca con la fuerza de los mares, de las norias y los barcos a escribir y a enviar lo que escribo en un mensaje de silencio, por si algún día lo escuchás al otro lado de la música.

martes




Eras una noche de noviembre en el futuro
un rumor solo
que existe adelante, en ese confín negro
donde las cosas aún no suceden
eras una cita siempre tarde
un cuadro memorable
un puñado de granos de pimienta
negra
verde
en el sueño de las mujeres enfurecidas
eras misterio de las rutas del sur
desolación de la mañana eras
nostalgia
canción pringosa del pop
un abrazo en la intemperie
eras un nombre en la mesa
eras un recuerdo de olor salino
en la memoria
eras el día después
del amor
eso que no se aprende nunca

pero nunca
jamás
y sin embargo
ocurre