martes

itinerario de viaje

Que la montaña nos cerque con la elegancia de las alturas marrones
Que las uvas se desarmen a nuestro paso

y terminemos borrachos danzando
alguna de Blades
ay que te apunes, negro, y no encuentres los zapatos
que mi celular diga “no signal” y yo baile
que el sol nos dé de cara y nos ofenda tranquilo
junto al viento violento zonda musical
que nos lleve los bolsos y valijas
(y me deje sola con vos y el mate)
Y a nosotros solos
solos, con el mundo ése del rato en la montaña
y del vino recién pisado

que nos violente la cordillera
con sombreros de nieve
que nos pueda el pueblo que aparece cuando baja,
que “está junto a los cerros y al cielo”
que descubramos cuántas calles nos quedan
desde la terminal hasta el Palacio de la Moneda
(y que vos me señales ése norte falso que tenés)
Y que yo me ría y basta
¿Cuánto falta?
En un día llegamos al mar
Al mar
Al mar
Al mar de Neruda
…al mar!
¿Te diste cuenta?
Que la mujer que pase nos mire
Yo a Neruda lo conocí
Tenía una casita allá
Y la señale
“Hemos perdido aún este crepúsculo.

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo”
Me lo aprendí para vos
Para ver esta noche en Valparaíso
Sobre esta lona de colores y rayas
Y decir esto mientras me saco la arena de las sandalias
Y las casas de los cerros se prenden sobre el mar

Que en Isla Negra queramos tener una casa
Con niños y fantasmas
Que el mar nos reciba la botella que tenemos escrita hace tiempo
Y nos devuelva años, jazmines y hojas de menta.

s.o.s.


Me deshago. la tristeza llega siempre que estoy sola. cuánto de mí se va en el llanto. cuánto de mí se va. cuánto entiendo el mundo en las épocas felices. y qué poco me río cuando me traiciona. y me dice que es finito, y me esconde el mar.

es ahora cuando quiero ser pequeña. o quedarme en un dibujo de Quint Buchholz hasta que pase

en la botella pongo: “save our souls”

Y cruzo los dedos.

lunes

Despertarte

Despertarte a mitad
de la noche
y ver en el otro lado
de tu cama
a tu mujer llorando
es una experiencia importante.
Quiere decir,
entre otras cosas,
que mientras paseabas por los cuartos
iluminados de tu cerebro
algo se estaba gestando cerca tuyo.
Un error con el cual mantenés
una particular relación de intimidad.
Porque aunque no firmemos nada,
ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
pensamos que es para toda la vida
y así seguimos.
Botes, que durante la noche,
quedan amarrados al muelle,
golpeándose entre sí,
según el viento.
.
.
.
Fabián Casas.

martes

Pánico manuscrito


Hoy necesito:
Uno: Sentir que la poesía no está extinta de miedo
Dos: Creer que las letras aún tienen una razón para redimirme

El vacío
que no suena ni muerde
es la música de los que han entrado por estos ojos y viven
Y hoy están tan mudos como yo.
Como mi mano que no escribe.

El río no suena ni me da pistas

(Qué andará pasando por estos lugares, diosmío)

domingo

las partes del todo

A Julio.
Y a los otros virgo que analizan.


Un cronopio pequeñito buscaba la llave
de la puerta de calle en la mesa de luz,
la mesa de luz en el dormitorio,
el dormitorio en la casa, la casa en la calle.
Aquí se detenía el cronopio,
pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”
Julio Cortázar




Será porque los contrariados
Tienen esa forma de moverse
Qué se yo
Pero reconozco a un virgo a varios centímetros

Relojean
Relojean

Ordenan cada partícula de su afuera
Hacen listas
Buscan sentidos
Los encuentran
En una tapita de gaseosa
En una lombriz
En un pedacito de río en el vaso

Relojean
Combinan caos con hamacas y puentes
Atropelladamente ordenados
Abrumados

Albergan cronopios
almanaques
telefonos perdidos
Como si nada

Relojean
Revolean los ojos porque ya saben
Buscan descorazonadamente lo que ya tienen en la mano
Relojean

Y tienen tantas palabras
Que las tienen que decir
Desmenuzan

Arrancan pastitos y son felices
Clasifican pastitos y son felices

Y pierden cosas por el camino
Virgo bolsillos rotos

Relojean
Y si el cuadro está torcido, qué lindo el cuadro pero


(Quiero decir que te reconocería, Julio,
caminando por la Rue de Vaugirard
Larguirucho virgo ojos de pez

Acá somos varios, verás
Los que tiramos piedritas
Jugamos rayuelas
Y perdemos llaves)

Volver al futuro


Y yo, darte mis explicaciones del caso. Que me entiendas y te enojes tanto.

Que pases horas largas y turbulentas explicándome la paradoja del tiempo, la metafísica, las cosas que no hay que hacer cuando se viaja al pasado, y todos los consejos que el Doc le da a Marty en Volver al Futuro.

—dibujalo, porque no entiendo.

Y que hagas una zeta y cruces, y flechas. Y que no entienda. Y que bostece.

—El error más grande es hablar con uno mismo, interferir con los hechos…

—ahh…

Y que se hierva el agua mientras escucho con atención la curva que forma el tiempo cuando se viaja al pasado.

(El tiempo. Cuánto. Que el reloj se apiade. Que puedas llenar las mañanas de besos tibios por más tiempo. Tiempo. Voy a tejer una bufanda hasta que vuelvas. Voy a tejer una bufanda para que tardes menos en volver. Para matarlo, al tiempo)

Yo no entiendo mucho esto que tanto te gusta. Me olvido que el rayo cayó en la Torre del Reloj, a las 10:04, en 1955. Pero entiendo el tiempo que pasás explicando. Y tus ojos.

Y que te miro. Suspendida.

Diálogo



Y fui al río, como Juanele. Estuve cara a cara con el espejo. Y le hablé. Y me hablé.

—A esta Paraná de poca monta le sobran cielos


(Siglos de ceibos que no caben donde me voy.
Ciudad de pocas luces, vos que te prendés del pelo, te sigo con la mirada
Paraná.
Castaña.

Mundo minúsculo de calles absurdas, vos que terminás en jacarandaes suicidas que cortan caminos de cara al río.
No puedo sacarte de mi cabello, te dije, Paraná verduzca y malhablada.
Te desbordan azules, ciudad subibaja.
Mi bicicleta los guardó en cajitas de ombú.
Me llevo tu llanto de sauce, tu guarida de media tarde
En esta valija llena de esquinas que suelo ser cuando me voy)

—Cuando pregunten no podré hablar de vos. Diré que sos una diminuta gabardina con aires de ciudad. Y que llorás agudo. Para no morir.

Manifiesto de estación




—Todo es diferente cuando hace otoño —dijo cuando la ventana mostraba cenizas nuevas.

Insisto en querer caminar junto al ser más cercano y señalar la infinidad de hojas que revisten el piso. Insisto en quedarme sosteniendo con las dos manos una taza en la que puede haber sopa, café o té de menta peperina.
Los silencios del otoño parecen hablar del final del amor; de la tristeza sepia de las calles de Mendoza, de mi ciudad cuando está a punto de llover y corre algo que se parece al viento.

Un espasmo de cielo rojo conmueve cuando no tenemos tarea, ni trabajos por hacer, y nos quedamos a mirar este capítulo ambiguo y castaño que está musicalizado por nocturnos de Chopin. Cuando la tarde cavila y no se decide a ser fría del todo. Cuando el sol se guarda tibio y aunque amarillo y radiante, nos obliga a mirarlo en pantuflas.

Los bares devienen refugios. La cama es una trinchera y el mundo está afuera. Amenaza dulce de otoño. Las letras del verano buscan resguardarse de las nuevas borrascas. Y mis manos las archivan como ropas hasta pronto.

Hace otoño en mis calles y busco compañía. Busco a quien decirle que hace dos días era verano y que las veredas buscan caminantes de siesta.




Tenía que decirlo.

martes

confesión


Entiendo que no puedo escribir sobre el renglón

que les cuesta a las muy livianas correr por la línea


grafólogos y psicólogos harán sus análisis
.
y conjeturas

yo prefiero explicarlo diciendo que vuelan,
ellas
.
.
.

(presta su dibujo, Quint Buchholz, como siempre)

domingo

Mucho más grave

Muchas veces se ríe. Demasiadas. Trepa alto con las risas de quien respira los verdaderos soplos del mundo. Se cuelga del techo con su risa y cuando baja me abraza. Con los restos y gemidos finales de su carcajada yo me cubro la cara. Y lo miro soltar palabras y pareciera que las canta. Cuando habla deseo ponerme debajo de cada letra que su boca desprende y sentirlas caer sobre el pelo.

Una M grande que dice y deja resbalar, una M sonora y simpática que a él se le ocurre gritar. Me gusta que me nombre. Me gusta nombrarlo.

Me sorprende a cada instante saltando, ocultándose en rincones tan míos que no había tenido. Yo lo miro pasearse antes de cada acción y me sube con él. Me Mareo. 


Quiero alcanzarlo de a ratos y retenerlo en alguno de mis abrazos, pero la inmensidad no entra en brazos. Desisto.

Vuelve con puñados de sol para el desayuno. Ese mundo que me entrega a cambio del mío me emociona. Lo miro. Lo quiero. Lo miro: tengo ganas de decirle eso de la bahía linda y generosa. Y que no se vaya.

·.

.

.

.

(Dibujo de Quint Buchholz)



martes

El río en coche


En el verano que guarda siestas y hamacas.
En el verano que siembra peces y moja los pies. Que baña de amarillos de cientos y amarillos tornasoles la piel.

En ese verano que hace arrugar la nariz y cerrar los ojos. En el verano de abejas, 
sones,
rituales

(En ese verano. Pero ahí está el río. Cuántos soles de día. Cuántos barcos. Está el río y la ciudad se deja ver si queremos. Pero si no queremos. ¿Vas a descalzarte? Pisá la arena. Las melodías insisten en prenderse de las ojotas).

En el verano de pájaros y ranas coristas. En ése de resplandores y tormentas pasajeras. En ese verano de nubes gordas y cargadas de agua bendita.

En ese verano me quiero quedar.
 
El regreso es dejar al río solo.