viernes

Qué poca cosa ahora el español
Es moneda corriente, gastada
Las palabras son de todos
Las palabras
¿O soy yo la de las formas vacías?
Qué trabajo dar con lo que quiero decir
Más honesto es hablar en otro idioma a veces
Que en la propia lengua
Habla sola
Dice por mí
Aprendió a hablar, antes que yo.

Julieta Lerman

Me turba la idea que algo pueda ser por fuera de las palabras.
Quiero darle forma, hacerlo transcurrir por el vasto campo del idioma.
Asirlo, darle lugar, ponerlo a prueba.
Hay algo de placebo en las palabras, hay un mar calmo, hay un espanto dicho, sonoramente vivo.

Es por eso que me quedo con la bruma, no la puedo tocar, la siento a pesar de mí y es dinámica, insurgente, temblorosa.
Es mercurio en las manos.

Pienso hasta cuándo seré presa,
hasta cuándo será misterio
que vibra insolente
por los campos donde el lenguaje no llega

la sangre me fluye sin nombre, sin color
el cuerpo es la respuesta
más inmediata

recurro a los idiomas
me deslizo por palabras que otros usaron para decir otras cosas
lo creo muerto

pero cuando está ahí
ahí
vuelvo a sentirlo
me ocupa el cuerpo
me estaquea como un rayo
se actualiza

podrían ser pájaros
podría ser la música
podría ser el amor,

en el peor de los casos.

jueves

Y sí,
es que de a ratos me encuentro anquilosada
fundando mi silencio en cuentas que cuento sólo cuando hay vino en sangre
Y miro entonces el techo mientras acabo de amar
Preguntándome si de veras se me ha olvidado cómo es enamorarse
y sentir la tormenta adentro  -como el cólera de Florentino Ariza en el Caribe
mientras una fiebre le comía el cuerpo y empuñaba la letra de la carta que no mandaba-.

En el techo veo pasar la noria de la vida
momentos precisos en donde decía
Con una certeza soberbia que eso era amor

Oigo las canciones
Donde antes residía el amor
En una estepa de voces roncas
Y una combinación de sonidos y palabras me hacía trepidar
Como una hoja en borrasca

Digo tantas veces que no
Me encuentro más veces explicando por qué
Por qué no
Por qué no así
Por qué no ahora
Y siento que perdí la manera de negociar
Ya no ganamos todos
Ya hay quien resigna algo
Ya hay alguien que calla
Y al final todos dolemos

Miro el techo sucederse mudo frente a las preguntas
Quedan inermes los que me piden un poco más de amor
Un poco de otra cosa
Y a mí me duele el misterio
De no saber
Si es que perdí el modo, la mano
si es que debo retirarme
a tiempo
y dedicarme a sembrar lavanda
para infusiones de mujeres con tristeza
en un pueblito de traslasierra