s.o.s.

martes 24 de noviembre de 2009


Me deshago. la tristeza llega siempre que estoy sola. cuánto de mí se va en el llanto. cuánto de mí se va. cuánto entiendo el mundo en las épocas felices. y qué poco me río cuando me traiciona. y me dice que es finito, y me esconde el mar.

es ahora cuando quiero ser pequeña. o quedarme en un dibujo de Quint Buchholz hasta que pase

en la botella pongo: “save our souls”

Y cruzo los dedos.

Make up

viernes 6 de noviembre de 2009

*
*
¿Y qué tiene de malo escribir poesía con el denileador de ojos?

es que iba a explotar
un pelele contaba chistes de suegras
y la señora del fondo se reía, morada
y el mozo le servía una porción más grande a la del pantalón blanco
y a la jefa de sección le cabeceaba el de tesorería
invitándola a bailar el bombón asesino
y ahí el marido
impávido
tosiendo el vermú

tanta poesía
iba a explotar

en qué momento la forma de las cosas obliga a correr

el olor a pucho del salón
el perfume del contador
la del pantalón blanco que escribe cartas al mozo
una servilleta que abolla y muere
se me llenó la cabeza, mirá
tuve que ir al baño y hacerlo

no avisa la poesía

cuando encuentre una birome lo paso

ya está vivo, mientras tanto

Despertarte

lunes 19 de octubre de 2009

Despertarte a mitad
de la noche
y ver en el otro lado
de tu cama
a tu mujer llorando
es una experiencia importante.
Quiere decir,
entre otras cosas,
que mientras paseabas por los cuartos
iluminados de tu cerebro
algo se estaba gestando cerca tuyo.
Un error con el cual mantenés
una particular relación de intimidad.
Porque aunque no firmemos nada,
ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
pensamos que es para toda la vida
y así seguimos.
Botes, que durante la noche,
quedan amarrados al muelle,
golpeándose entre sí,
según el viento.
.
.
.
Fabián Casas.

Pánico manuscrito

martes 6 de octubre de 2009


Hoy necesito:
Uno: Sentir que la poesía no está extinta de miedo
Dos: Creer que las letras aún tienen una razón para redimirme

El vacío
que no suena ni muerde
es la música de los que han entrado por estos ojos y viven
Y hoy están tan mudos como yo.
Como mi mano que no escribe.

El río no suena ni me da pistas

(Qué andará pasando por estos lugares, diosmío)

las partes del todo

domingo 30 de agosto de 2009

A Julio.
Y a los otros virgo que analizan.


Un cronopio pequeñito buscaba la llave
de la puerta de calle en la mesa de luz,
la mesa de luz en el dormitorio,
el dormitorio en la casa, la casa en la calle.
Aquí se detenía el cronopio,
pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”
Julio Cortázar




Será porque los contrariados
Tienen esa forma de moverse
Qué se yo
Pero reconozco a un virgo a varios centímetros

Relojean
Relojean

Ordenan cada partícula de su afuera
Hacen listas
Buscan sentidos
Los encuentran
En una tapita de gaseosa
En una lombriz
En un pedacito de río en el vaso

Relojean
Combinan caos con hamacas y puentes
Atropelladamente ordenados
Abrumados

Albergan cronopios
almanaques
telefonos perdidos
Como si nada

Relojean
Revolean los ojos porque ya saben
Buscan descorazonadamente lo que ya tienen en la mano
Relojean

Y tienen tantas palabras
Que las tienen que decir
Desmenuzan

Arrancan pastitos y son felices
Clasifican pastitos y son felices

Y pierden cosas por el camino
Virgo bolsillos rotos

Relojean
Y si el cuadro está torcido, qué lindo el cuadro pero


(Quiero decir que te reconocería, Julio,
caminando por la Rue de Vaugirard
Larguirucho virgo ojos de pez

Acá somos varios, verás
Los que tiramos piedritas
Jugamos rayuelas
Y perdemos llaves)

Volver al futuro

domingo 12 de julio de 2009


Y yo, darte mis explicaciones del caso. Que me entiendas y te enojes tanto.

Que pases horas largas y turbulentas explicándome la paradoja del tiempo, la metafísica, las cosas que no hay que hacer cuando se viaja al pasado, y todos los consejos que el Doc le da a Marty en Volver al Futuro.

—dibujalo, porque no entiendo.

Y que hagas una zeta y cruces, y flechas. Y que no entienda. Y que bostece.

—El error más grande es hablar con uno mismo, interferir con los hechos…

—ahh…

Y que se hierva el agua mientras escucho con atención la curva que forma el tiempo cuando se viaja al pasado.

(El tiempo. Cuánto. Que el reloj se apiade. Que puedas llenar las mañanas de besos tibios por más tiempo. Tiempo. Voy a tejer una bufanda hasta que vuelvas. Voy a tejer una bufanda para que tardes menos en volver. Para matarlo, al tiempo)

Yo no entiendo mucho esto que tanto te gusta. Me olvido que el rayo cayó en la Torre del Reloj, a las 10:04, en 1955. Pero entiendo el tiempo que pasás explicando. Y tus ojos.

Y que te miro. Suspendida.

Rectificación de la lordosis cervical

domingo 14 de junio de 2009


“Rectificación de la lordosis cervical”
dijo el informe del médico.


Y odié a los conservadores que hablan de cargar cruces pesadas. Y a los progresistas que hablan de mochilas.


He cargado el mundo sobre mis hombros por mucho tiempo sin darme cuenta. Las filas de niños solos, los gatos perdidos, los perros abandonados, el PBI, la suerte de los que no hablan, mi vecino que llora.

Voy a sacar lo que no necesito. Voy a salir a respirar y el mundo entrará en mí, con sus cábalas, sus bullas, sus fábricas y hombres tristes. Respiraré el tiempo que entrará despacito. Extenderé mis brazos para saludar al sol, como me enseñaron, y moriré de alegría. Voy a respirarlo. Transformarlo en música vital, en chocolates calientes, en esencias de naranja y sándalo.

Voy a sacar lo que no necesito. Y plantarlo en la tierra, para que vuelva en forma de álamo, para darte sombra. Y en forma de pan. Y en forma de lluvia. Y en forma de libros de Cortázar, para mi vecino.

Volveré a la tierra, a esuchar sus latidos.

Diálogo

domingo 10 de mayo de 2009



Y fui al río, como Juanele. Estuve cara a cara con el espejo. Y le hablé. Y me hablé.

—A esta Paraná de poca monta le sobran cielos


(Siglos de ceibos que no caben donde me voy.
Ciudad de pocas luces, vos que te prendés del pelo, te sigo con la mirada
Paraná.
Castaña.

Mundo minúsculo de calles absurdas, vos que terminás en jacarandaes suicidas que cortan caminos de cara al río.
No puedo sacarte de mi cabello, te dije, Paraná verduzca y malhablada.
Te desbordan azules, ciudad subibaja.
Mi bicicleta los guardó en cajitas de ombú.
Me llevo tu llanto de sauce, tu guarida de media tarde
En esta valija llena de esquinas que suelo ser cuando me voy)

—Cuando pregunten no podré hablar de vos. Diré que sos una diminuta gabardina con aires de ciudad. Y que llorás agudo. Para no morir.

Manifiesto de estación

domingo 5 de abril de 2009




—Todo es diferente cuando hace otoño —dijo cuando la ventana mostraba cenizas nuevas.

Insisto en querer caminar junto al ser más cercano y señalar la infinidad de hojas que revisten el piso. Insisto en quedarme sosteniendo con las dos manos una taza en la que puede haber sopa, café o té de menta peperina.
Los silencios del otoño parecen hablar del final del amor; de la tristeza sepia de las calles de Mendoza, de mi ciudad cuando está a punto de llover y corre algo que se parece al viento.

Un espasmo de cielo rojo conmueve cuando no tenemos tarea, ni trabajos por hacer, y nos quedamos a mirar este capítulo ambiguo y castaño que está musicalizado por nocturnos de Chopin. Cuando la tarde cavila y no se decide a ser fría del todo. Cuando el sol se guarda tibio y aunque amarillo y radiante, nos obliga a mirarlo en pantuflas.

Los bares devienen refugios. La cama es una trinchera y el mundo está afuera. Amenaza dulce de otoño. Las letras del verano buscan resguardarse de las nuevas borrascas. Y mis manos las archivan como ropas hasta pronto.

Hace otoño en mis calles y busco compañía. Busco a quien decirle que hace dos días era verano y que las veredas buscan caminantes de siesta.




Tenía que decirlo.

confesión

martes 24 de marzo de 2009


Entiendo que no puedo escribir sobre el renglón

que les cuesta a las muy livianas correr por la línea


grafólogos y psicólogos harán sus análisis
.

y conjeturas

yo prefiero explicarlo diciendo que vuelan,
ellas
.
.
.

(presta su dibujo, Quint Buchholz, como siempre)

Mucho más grave

domingo 15 de febrero de 2009

Muchas veces se ríe. Demasiadas. Trepa alto con las risas de quien respira los verdaderos soplos del mundo. Se cuelga del techo con su risa y cuando baja me abraza. Con los restos y gemidos finales de su carcajada yo me cubro la cara. Y lo miro soltar palabras y pareciera que las canta. Cuando habla deseo ponerme debajo de cada letra que su boca desprende y sentirlas caer sobre el pelo.

Una M grande que dice y deja resbalar, una M sonora y simpática que a él se le ocurre gritar. Me gusta que me nombre. Me gusta nombrarlo.

Me sorprende a cada instante saltando, ocultándose en rincones tan míos que no había tenido. Yo lo miro pasearse antes de cada acción y me sube con él. Me Mareo. 


Quiero alcanzarlo de a ratos y retenerlo en alguno de mis abrazos, pero la inmensidad no entra en brazos. Desisto.

Vuelve con puñados de sol para el desayuno. Ese mundo que me entrega a cambio del mío me emociona. Lo miro. Lo quiero. Lo miro: tengo ganas de decirle eso de la bahía linda y generosa. Y que no se vaya.

·.

.

.

.

(Dibujo de Quint Buchholz)



Palabras en extinción

jueves 29 de enero de 2009



Cuando terminé de leer la noticia en el programa, de que iban a eliminar ciertas palabras del diccionario por haber caído en desuso, comenzó a sucederme algo extraño. Una necesidad casi compulsiva y política de manifestarme en contra. Me sentía como Felipito Tacatún, cuando encerraron en una cajita con candado la Plapla que había escrito. 
Porque bailaba y “las letras no bailan”.
Yo he visto palabras bailar, he visto palabras insistentes. He visto palabras hostiles que prefieren quedarse adentro y palabras que abandonan el papel cuando se cansan de ser leídas. A mí que no me digan.
Todos sabemos que el significado de las palabras no está en el diccionario. Pero el diccionario es el libro más consultado, después de la Biblia (porque para entender lo que dice la Biblia, hay que usarlo con frecuencia inusitada).

Entonces, las palabras que no estarán en ese diccionario, no existirán.
Quedarán vivas en algunas bocas que las seguirán profiriendo, gritando, susurrando. Hasta que desaparezcan por muerte dudosa o de silencio.

Hay gente que salva ballenas o limpia pingüinos empetrolados. Yo apadriné una palabra en extinción, frente al rechazo de un profesor, que insistía en borrarla de mi hoja.



Guiñarle el ojo izquierdo a las palabras
Restaurar sus huecos de primavera triste
(esos que le dejó el poeta cuando dolían)
Darles asilo cuando la Academia venga a buscarlas
Por obsoletas
Improductivas
Porque bailan y no se puede
Por irreverentes

(Porque el diccionario le teme al infinito. No puede subyugarlo. Le teme)

Parece ser hora de ofrecerles una habitación con vista al mar o a la vereda. Guarecerlas.
Y bailar tregua y bailar catala 
Dejar a su disposición
  Café   escaleras   caramelos
Hasta que el universo se amigue con lo que no se mide.
 

El río en coche

martes 20 de enero de 2009


En el verano que guarda siestas y hamacas.
En el verano que siembra peces y moja los pies. Que baña de amarillos de cientos y amarillos tornasoles la piel.

En ese verano que hace arrugar la nariz y cerrar los ojos. En el verano de abejas, 
sones,
rituales

(En ese verano. Pero ahí está el río. Cuántos soles de día. Cuántos barcos. Está el río y la ciudad se deja ver si queremos. Pero si no queremos. ¿Vas a descalzarte? Pisá la arena. Las melodías insisten en prenderse de las ojotas).

En el verano de pájaros y ranas coristas. En ése de resplandores y tormentas pasajeras. En ese verano de nubes gordas y cargadas de agua bendita.

En ese verano me quiero quedar.
 
El regreso es dejar al río solo.


Página 330. El sur al fin.

jueves 25 de diciembre de 2008

—Quién sabe qué conjuros dieron con este paradero

  De mujer sentada y lo llevaron

  -volando, riendo- a tu ciudad de puras alas.

(Mariana, luego de haber leído la novela

que prometía viajes y mujeres con nombre de isla)

Isla de Chiloé, al sur del sur.

Dicen que si Ella sale a la mañana y comienza su danza mirando el mar, habrá abundancia de peces.

Si baila dándole la espalda, los peces se alejan.

De ella dependen los pescadores de la Isla de Chiloé, al sur de sur, en lo más azul de Chile.


Invitación

miércoles 3 de diciembre de 2008



Mi pequeño mortal está respirando en la oscuridad. 
Se mueve y necesito decírselo.
Sueña, pero tengo que decirle:

No dejes que alguien sepa dónde queda esta isla
Guardemos todos los pájaros
Coleccionemos las estrellas que se ven
Retengamos el sonido del mar acá, en este huequito de manos
Quedate conmigo 
Y con la gata que se nos arrima despacio


Mi mortal isleño sigue refunfuñando en sueños

Espero que en algún escondrijo de su oído
Haya quedado prendada esta isla de espuma y mar que le propongo.






Antes no pensaba en el tiempo. Ahora sí. Qué cosa.

lunes 24 de noviembre de 2008

"ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado"

joaquín sabina

A veces me visto de día soleado y salgo

Por las esquinas, cuesta abajo


Persigo conejos con relojes de mano
los saco de mi gorro
O de mi boca -como Julio- 
Desafino Va Pensiero

Y me río

Lleno de atajos mi biografía
La borro con el codo
Hago barquitos con esos infames papeles
                              O aviones, o tortugas.

Descuento la historia


(Vacío los cajones donde algún día dejaré mis zapatos
Deshabito la biblioteca donde pernoctarán mis libros
Lleno de aire azul el espacio donde alguna noche
Estaré escribiendo esto

Que termina

Acá)

Peces de luz

viernes 24 de octubre de 2008


La lluvia cobija un beso
en la sonrisa de la ciudad
y el río viene creciendo en mi corazón
escucho voces de agua
que hablan al niño que vive en mí
y cantan una tonada que no aprendí

yo no sé porque elijo para quedarme
un escondrijo de tinta azul
donde quietos peces vuelven la tinta luz

La lluvia destiñe el río
y se descuelga para buscar
los peces de luz
que escapan por la ciudad

*

*

Letra: Livia Vives (gracias por eso)

Stay

sábado 11 de octubre de 2008


Stay just a little bit longer

Please, please, please, please, please

Tell me you're going to



(...)

Tell me you're going to

Come on, come on

Come on and stay



(Maurice Williams)

Señaladores

lunes 29 de septiembre de 2008

Boletos de colectivo, pétalos, papeles de Bon o Bon,
tarjetas de navidad, hojas de árbol, plumas
(Deberían regalar señaladores cuando uno llega a la vida)
Marcar el momento del libro de cuando nos subimos a la montaña
o vimos el mar
Hacernos el dulce favor de hablarle al nosotros del futuro
y contarle
de esa página
Dejar rastros
migajas
para poder volver y encontrarnos
en los ojos del que leía en otro tiempo
...o perdernos
preguntarnos
por qué marcamos ese punto
esa meseta de la historia
ese verso de la poesía
y no saberlo
nunca
he allí la vida

viernes 22 de agosto de 2008




Hoy compré muchas verduras en el supermercado que está cerca de aquí. Pensaba, mientras el señor de uñas onduladas me pesaba los tomates, que me hubiese gustado trabajar en una verdulería.

“¿Cuántos kilos va a llevar, señorita?, ¿le corto medio repollo? Me hubiese satisfecho enormemente poner un zapallito al lado de otro de manera escalonada sobre las góndolas. Si trabajara en una verdulería sabría que la felicidad está allí, en el mar viscoso de frutillas, que se deja penetrar por mis manos y se escurre por arenas y jugos rojos.
Andaría por la verdulería a tientas, con la lucidez de quien no mira, sosteniendo un pomelo rosado con mis dos manos de uñas onduladas y aspirando hasta la última generosidad de su acidez. Palpando con las yemas recorrería el pelotón de duraznos. Haría descansar mi nariz sobre el nivel de pelusas que bien simulan el atardecer. Pondría las uvas negras y blancas justo al lado. Ah, el mar y el atardecer. Cuánta belleza.


Sé que elucubraría millones e infinitas maneras de combinar los colores. Que pondría las calabazas de cuello largo todas juntas.
Sé que te agregaría un par de ciruelas cuando vengas a comprar medio kilo.
Y te miraría risueña mientras agarrás el vuelto y te vas.

sábado 26 de julio de 2008

Para un dibujo de Quint Buchholz,
que muestra por qué es tan importante
que las niñas pequeñas tengan libros”
Elke Heidenreich




—Ahí está el río
entre mi dedo que señala y el agua que viaja hay una distancia dilatada, triste.
Los protocolos terrenales la hacen extensa. Miro el agua desde lejos.
—Cuando terminemos de rendir vamos al río
El agua está en el horizonte de esta vista de ciudad. Sólo puedo acariciarlo con mi dedo desde este balcón.
Los espejos, los remansos, esos salientes verdes que de cerca se llaman barrancas, la isla de enfrente y sus habitantes misteriosos. Todos ellos son un cuadro de Quint Buchholz. Una ventana. Un libro que mi padre me regaló. Unas ganas de estar allí.

Ahí está el río. Inmaterial. Obstinado. Mi dedo dibuja sus imperfecciones.
En estos tiempos me toca esperar que una brisa con aires marinos invada el balcón algunas tardes.
Para llegar hay que cerrar los libros y las puertas. Hay que colgar los relojes y quemar el calendario. Y la cuenta de la luz.
Para llegar hay que bajar la ladera con pasos largos. Escuchar los pies que pisan, que se empeñan en enmudecer el cuchicheo de una ciudad que sólo existe si volteamos.

Una noche, María Elena se quedó sin sombra

jueves 26 de junio de 2008



“Mirá... ésta es la última vez, sombra desgraciada. Garabato de mí sin permiso. No voy a seguir buscándote. Me cansé... Ah, los zapatos te los podés dejar, sombrita sin importancia. Después de todo, no me hacés falta: mi lugar en la cama se ha ampliado enormemente y el café me dura más. No me interesa que el ascensor no me reconozca, he redescubierto las escaleras y puedo darme el lujo de subir los escalones pisando sólo los impares, sin tener que verte a vos jadeando de cansancio.
Me he acostumbrado, crepusculito nimio, a la liviandad.
Te habrás enamorado de algún caminante falto de nube negra. No me importa.

Que te garúe finito.
María Elena”

Le dejé la nota en la parada del colectivo. Esa esquina guardaba despedidas y cigarrillos sin terminar. El papel estuvo allí por dos días, luego desapareció. La vida sin mi sombra era incompleta, (pero dada su condición femenina, decidí parecer inquebrantable, como hacen los hombres sin alma a las mujeres en busca de). A los varios días, el portero de mi casa, luego de su habitual comentario acerca de mi delgadez con ojeras, me entregó una carta que alguien había dejado para mí en el buzón equivocado.


Una vez que salen de uno, los personajes se van como las sombras a pasear quién sabe por qué mundos.
A veces regresan, dispuestos a que continuemos con el cuento y a que sigamos garabateando formas de apresarlo.
A veces se van, como María Elena.

Estamos condenados a esperarlos.

miércoles 18 de junio de 2008



Respirando lo que la ciudad ofrece como aire.
Revolviendo esquinas que doblan tan rápido.
(y se me va la calle pensando qué decir...)


"Le comenté: -Me entusiasman tus ojos.

Y ella dijo:-¿Te gustan solos o con rimel?

-Grandes, respondí sin dudar.

Y también sin dudar me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Angel González".


A veces puede la ciudad del malamor sorprenderme.
El papel habita el bolsillo izquierdo. Todavía.

Lógica del tiempo

domingo 8 de junio de 2008




El trató de retenerla. El nudo en la panza de los primeros cafés había regresado, ahora para calarle la ausencia.

Ella no estaría para detener sus impulsos de salir corriendo

No estaría abriendo las ventanas, ni frascos de mermelada

—El peine que nunca usa, lo tiro...
los espejos, los libros, la plantita de pensamientos—.

El la sacó de su vida. Ella se dejó salir.

La pensaba, algunas tardes, con la pesadumbre de hombre solo
y descalzo.

El último regalo es absurdo. No lo necesita

Ella ha escrito su cuento en mareas lejos, donde él no la puede leer.

—Así es— se dice —mis zapatos y yo no podemos alcanzarla.

Ella habló de desamor hace dos tardes. Hace una, se fue.

El mar la esperaba.

La mudanza, de Claudia Masin

martes 3 de junio de 2008


Hay un amor al extravío en todas las personas extraviadas,
a la larga uno levanta su casa donde resulta que ha caído: arena, agua, barro, tierra firme.

¿Pero y si resultara posible la mudanza,
si el movimiento no fuera una explosión
que de improviso transporta las moléculas de un cuerpo, de un lugar,
si el movimiento fuera desprenderse como se desprende
una gota de una rama si fuera algo así de lento, así de irreversible?

jueves 29 de mayo de 2008


Y me fui a ver qué pasaba


Asomé mi nariz despacito


Encontré una calle. Tres pasos


Dos boletos de colectivo


Un mar que soplaba las espaldas del vidrio



***


¿todavía espera (usted) a alguien con un martillo en la mano


y su reloj en la otra?

Uno de Pizarnik

domingo 25 de mayo de 2008

(En vez de enojarme con la musaraña por no haber venido, me dediqué a escuchar.
La escuché a ella, después de muchas telarañas y libros mutilados.
A veces la musarañita se va por otro lados. Y otros dicen mejor que yo).

Presencia

tu voz
en este no poder salirse las cosas
de mi mirada
ellas me desposeen
hacen de mí un barco sobre un río de piedras
si no es tu voz
lluvia sola en mi silencio de fiebres
tú me desatas los ojos
y por favor
que me hables
siempre


Alejandra Pizarnik

De cómo contarlo

martes 20 de mayo de 2008






Hay una brisa que no entiendo –me dije y continué.

cuánta cosa alrededor

tanta mirada curiosa, tanto ruido de noche

lunas de centímetros cúbicos que brillaban

humo cristalizado en las pupilas

otros idiomas

oídos con nuevas noticias

agosto

feliz cumpleaños, Oliverio


(Debajo de los pies yacía el mundo

de esa manera disimulábamos el vuelo)


Confesiones de un recién llegado

domingo 18 de mayo de 2008

Recién llegado por definición es: aquella diferente persona notada en seguida por todos, que llegado recién a un país de la clase de los diferentes, tiene el aire digno de un hombre que no sabe si se ha puesto los pantalones al revés, o el sombrero derecho en la cabeza izquierda, y no se decide a cerciorarse del desperfecto en público, sino que se concentra en una meditación sobre eclipses, ceguera de los transeúntes, huelga de los repartidores de luz, invisibilidad de los átomos y del dinero de papá, y así logra no ser visto.

Papeles de Recienvenido. Macedonio Fernández

 
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