jueves


Y sí,
es que de a ratos me encuentro anquilosada
fundando mi silencio en cuentas que cuento sólo cuando hay vino en sangre
Y miro entonces el techo mientras acabo de amar
Preguntándome si de veras se me ha olvidado cómo es enamorarse
y sentir la tormenta adentro  -como el cólera de Florentino Ariza en el Caribe
mientras una fiebre le comía el cuerpo y empuñaba la letra de la carta que no mandaba-.

En el techo veo pasar la noria de la vida
momentos precisos en donde decía
Con una certeza soberbia que eso era amor

Oigo las canciones
Donde antes residía el amor
En una estepa de voces roncas
Y una combinación de sonidos y palabras me hacía temblar
Cómo hoja en borrasca

Digo tantas veces que no
Me encuentro más veces explicando por qué
Por qué no
Por qué no así
Por qué no ahora
Y siento que perdí la manera de negociar
Ya no ganamos todos
Ya hay quien resigna algo
Ya hay alguien que calla
Y al final todos dolemos

Miro el techo sucederse mudo frente a las preguntas
Quedan estupefactos los que me piden un poco más de amor
Un poco de otra cosa
Y a mí me duele el misterio
De no saber
Si es que perdí el modo, la mano
si es que debo retirarme
a tiempo
y dedicarme a sembrar lavanda
para infusiones de mujeres con tristeza
en un pueblito de traslasierra

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maréese un rato, maréese