viernes

Tengo murciélagos en el techo
Entre el cielo y yo hay decenas, qué digo, cientos de ellos
que chillan, se cortejan, se alimentan
Me colman la cama de pánico mudito
de insomnio
Camino de noche como cuando niña
En busca de consuelo, de un poco de agua
Me pregunto cuántas veces tendré que explicar
Todas las formas del amor que se me ocurren
Cuándo te veré y te contaré todo esto que me pasó y me pasa
Con los murciélagos, con los augurios, con mis libros
Con vos, con los otros
Cuándo sabrás que tuve que salir como rayo de ese lugar
En el que me resoplabas los restos de un deseo moribundo
que entraban en mí como nudo en el  plexo solar
 
                                                      entre el ombligo y el corazón

Los roedores que vuelan y no se callan
en la oscuridad me tienen sola y presa
quisiera ser otra, líquida, apropiada

                                                          acontecer, zarpar
 
despertarme rápido  y empezar el día
Resolviendo a la vez mi carrera y mis letras
Mis impuestos,  mis padres,  el wi fi
La cucharita de dulce de leche que me como de madrugada
Mirando cómo se aguanta esa ciudad de la ventana
Los sonidos agudos y penetrantes de estos vampiritos
Que se obstinan en intermediar con el cielo
Y golpean mi cielorraso con aleteos de comunidad movilizada
Ando de día con ojeras azules, con hambre en el pecho
Y con citas que postergo para nunca



Cuando no estén más
los murciélagos
tendré menos excusas
y empezaré a nombrarte.


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maréese un rato, maréese