jueves

el gerundio más difícil

Yéndose si querer. Sin querer irse. Alejándose por el camino ya andado y descubriéndose distinta. Yéndose a paso lento, por las dudas y por las sorpresas.
Bajando las escaleras, sacando un saquito de té de la caja recién pintada y ordenando emociones mientras se calienta el agua en la soledad que tienen todas las cocinas a las dos de la mañana. Apurando el paso porque aparecen más palabras que decir en ese texto. Muchas más palabras que decir, aún después de pensar que las había dicho a todas y que había explotado los márgenes del lenguaje en una supuesta guerra de posibilidades y derrotas.
Continuar alejándose buscando una canción en el reproductor y dando con Herbie Hancock en un piano sutil y una damita que dice It was the hexagram of the heavens, It was the strings of my guitar. Alejándose del modo que se puede, escuchando la conversación entrecortada de los que están abajo de la ventana ah, no sé, yo ya te dije, gil. ¿ahora qué vas a hacer? No sé, no sé, quedó en llamarme, pero ya son las dos y media. Quitándose con gusto los restos del día, una crema, un pijama, un libro, un reloj. Y buscando el sueño para irse mejor por un rato. Yéndose de nuevo, al otro día, descubriendo que sigue en blanco y negro la vida y nada la cambia por ahora. Dándose cuenta de que no hay feeling con el muchacho que acaba de conocer. Que ni siquiera la malicia lo salva y hace preguntas bobas, que no la llevan a donde ella quiere ir. Y que la conversación lo deja inerte, blandito, aunque ella insista con furia a que sí, a que sí.

(a—¿sos romanticona?

b—no, no soy romántica, preferiría hablar de otra cosa...

a—¿preferís hacer el amor o tener sexo?... ¡qué pregunta, eh!

b—prefiero que te vayas

a—¿a qué te referís?

b—te llamo un taxi)

Alejándose de la manera que no conoce aún, yéndose con todos los recuerdos ahí, en el hipotálamo, golpeando cada surco por donde la piel se escama. Amaestrando a los perfumes que vienen a complicarle la noche y a todas las imágenes de todos los cuartos. Yéndose como puede, como debe ser: con toda la sangre en contradicción y la sensación siempre falsa de morir.

domingo

Esperando el cambio de paradigma

-El rato en que el equinoccio de otoño le juntó las manos y supo escribir así-

Que no se me haga tan difícil esto de decir mi nombre. No buscar ser anónima en la calle. No querer pasar desapercibida. No ponerme más esa remera negra. Cortarme el pelo. Teñirme de color rojo. Prender la luz. Abrir la ventana. Dejar de pensar un seudónimo. Poner mi nombre en un libro que acabo de comprarme. O dedicar un libro que acabo de regalar. Firmar un correo. Sentirme libre. Tomar el tiempo que quiere el sexo tomarse. Quedarme en silencio. Que ahí diga que soy yo. Salir de la metáfora: los mates metafóricos, las camas metafóricas, los cuerpos metafóricos, esto tan metafórico, el tiempo metafórico. Quiero ser literal. Llamarle a esto angustia. Y que te vayas por esa puerta hacia el ocaso del signo.

martes

El silencio desde donde la música es posible

Silencio este que grita cada vez más fuerte. Hijo del deseo silencio morboso. Silencio maricón que le cuenta a los cuatro vientos del litoral que no se las aguanta. Silencio este por donde todas las posibilidades son ciertas. Por donde las palabras hacen lo que quieren y significan. Y este cursor titilante que me exprime la cabeza. Que me llena la lengua de personajes miserables. Estos sujetopredicados cagones que no se dejan enviar y me llenan la casilla de borradores.


domingo

Metamorfosis

Hace un tiempo escribía sobre la metamorfosis. Sobre la necesidad de dejar de ser crisálida y de subirme de una vez a mis ganas ciertas de vivir. La transformación se hizo: Soy mujer asombrada. Tengo la conciencia absoluta de los momentos. Me toca el otoño y se me eriza la piel. Tengo la risa, la increíble risa. La música me violenta y de la garganta salen sonidos amigables y necesarios. Tengo la pluma que quiero: las palabras se dejan ver con la simpleza y la complejidad de un espejo. Ahí está la soledad, esperandome, amiga, por las noches para imaginar miles de escenarios exagerados y florecidos. A la luna mirándome, a mis libros abrigando la vigilia y a los que escriben, que se empeñan en apalabrar a estos paisajes. Y tengo el llanto, el antiguo llanto que me salva. Y este espanto que me quita el sueño.

El mareo ahora es el signo del movimiento. No me asusta. La metamorfosis termina y empieza otra cuando me veo las primeras alas, que me deja en otro lado, recomenzando, siempre. Y qué lindo: Nunca llego a ser mariposa.

martes

Lejanas


"Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome"
Alejandra Pizarnik



Espejo


Cómo es esto, la vida pasa y el derrumbe  
los años los nombres  los autos  
y sigo al pie de la palabra  
como la primera vez

-Ana-

 
***

Fade out


Desvaneciéndote. Así como la arena. Desvaneciéndote de a poco entre paisajes y canciones. Y ahora entiendo un poco qué hacía yo ahí, en los pliegues de tu discurso, obligándome a escabullirme entre el sonido y la teoría. Te apagas ahora como una luz que puedo ver cada vez menos y me alejo y el campo es verde, ondulado y verde y no te veo, casi no te veo, amor. Y si esa luz era intensa y me retaba a quererte ya no importa. Se desvanece y queda pobre, sonsa, tan nimia la luz que me da pena mirarla. Y en la oscuridad, sobre un auto que va hacia el sur, me rindo, un poco ajena, un poco contenta de que quedes ahí tan lejos, como siempre y que no importe.

-Raquel-

***


Fast forward


Y entonces el espasmo
lleno de sal me reduce
a una simple suelta de demonios
empeño el ritmo sin aliento
ubico mis huesos alrededor
del mar tibio y sanguíneo
que baila
baila
al compás de los dientes
la saliva ocupando
el espacio vivo que respira debajo mío
que me sigue
mientras agonizo
por la lentitud de vocales
en el cuerpo dejando astillas
es austero y las caricias
son serpientes mudas
como en el comienzo



-Elena-

***

El insomnio de Inés en Buenos Aires la noche previa a su casamiento en Madrid



mail 1: la metáfora

Quizá busque 
entre los papeles  
en la delgada línea  
que sigue a mi lapicera
y me detenga frente a un garabato
que bien podría ser tu nombre  
o el del personaje secundario  
el plot point  
el cambio de rumbo  
de mi historia en esta ciudad

mail 2: la amenaza 
No te atrevas. no quieras ser más que eso
O te mato en un invierno crudo de nueva york cuando escriba el capítulo siete.
  
mail 3: la despedida
No sé cómo voy a hacer
pero yo te voy a sacar de acá
de mis sueños
de los textos
de mi esponja azul

voy a cortar despacio
una por una
todas tus caras en el espejo
y tendré que llorar
por la dudas
y las prevenciones
no sé cómo voy a hacer
pero te voy a sacar
del bosillo de mi cartera
de las cosas que me olvido -o que pienso que me olvido- en todos lados
del teléfono
te voy a sacar hasta de tu propio nombre
en la tinta de mi lapicera
y voy a preferir olvidar
aunque sea lo último que haga.
 
-Inés-

sábado

Make up III



Debajo de la silla el flujo de gusanos
debajo el odio y las muecas
palabras al oído que tiran el protocolo
palabras como saliva espesa
resoplidos y tensos
los músculos
asesores legales
farsas abajo
debajo de la silla de patas cortas
río de mierda que corre
sudor tibio por encima
y las ventanas empañadas
de aliento
de mentiras
minuto de silencio
y restos de mundo dejado afuera
lectura del acta
persecuta del que me mira escribiendo
y boquea
pedazo de estúpido que mira
que mira

poesía es
date cuenta

lectura del balance
y el mirón se acerca
con los ojos llenos de agua sucia
y me sopla en la espalda
algo que no puedo escuchar
pero que me empuja
con la fuerza de la lluvia
hacia afuera
y me libera
*
*
*
*
*

la hamaca

rodillas peladas, hamaca improvisada de abuelo, tiempo, verano y niñez.


jueves

hoy es siempre todavía

Hoy es siempre todavía,
toda la vida es ahora

(Antonio Machado)


Este blog no tendría nada para decir, o mejor dicho, yo no tendría nada para decir si no me hubiera dado cuenta (a fuerza de muerte, a fuerza de ausencia) que la historia es hoy, en el mismísimo momento en que velan a un ex presidente y junto con él, a un engranaje de decisiones, o a un modo de acción que hicieron visibles las cosas que sólo existían discursivamente en nuestras charlas íntimas y con pares. Y que yo quiero estar presente con toda mi sangre en esa historia. Porque la muerte sacude, mueve fichas y me recuerda qué tan viva estoy, mientras tanto.

martes

No sólo Montaner es feliz

Sí, claro, que no es permanente. Que la felicidad es un montoncito, una actitud, un segundo, un momento. Que esa paparruchada de “ser feliz para siempre” no sólo no es cierta, sino que nos opaca aquello que realmente existe o sucede. Pequeños fragmentos del día, de la noche (o de la vida, según la escala) que nos arrullan el estómago y nos dejan plenos, como una tarde al sol. Y para no olvidarme, me encuentro inventariando todos esos minúsculos momentos. Si resignificándolos resulta que me parece felices, entonces lo fueron. Aunque mientras duraban, mientras duraron, mientras duran, yo no lo pueda, ni lo pude ver con esa claridad.

Así que el desayuno de mi abuela en la cama; cuando la señorita Soledad apareció por esa puerta; cuando encontré Inventario de Benedetti tirado en el lavadero de mi tía, y supe que ese era un camino que empezaba; cuando Julieta trajo junto con su nacimiento una guitarra para mí; el preciso momento en que la pileta anaranjada comenzaba a llenarse; cuando sostuve en mis manos mi primera planta de jazmín; cuando mi hermana Ana me regaló un alcancía producto de sus propias manos; las dedicatorias de los libros que me regala mi padre; cuando conocí el mar; un cartel que decía “sorpresa!” sobre mi cama, escondiendo un libro de Alejandra Pizarnik; el clasificado que decía “casa de tres dormitorios”; la foto de mi mamá en una playa de San Clemente; cuando caminé Isla Negra; cuando canto “Zamba de usted” con la Cris; el momento en que conocí a mis hermanos, que venían de otros mundos; el balcón de tu casa a la noche; cuando mi voz se entregó en la última frase de una vidala; cuando bailamos cumbia con Juliana hasta que nos sentimos morir; cuando mi bicicleta acarició la ruta y el viento me dominó el cuerpo; el momento en que nos reímos hasta el dolor en Villa Urquiza; cuando me acompañabas a la plaza a escribir; cuando le cantábamos a la plantas del abuelo para que crecieran; cuando me diste la noticia de que podías pronunciar las erres; cuando nos trajeron las cuchetas y las veíamos flamantes en un flete mágico; cuando mi mamá era el “muñeco asesino” y nos perseguía por la casa; la cortina de Abrapalabra; las coincidencias en la ciudad; el momento en que vi a la pequeña Ana, llena de pulgas acurrucándose nueva y cachorra en un sillón; cuando mi papá me dice “Ma”; la escena en que Kim baila en la nieve que Edward provoca; cuando descubrí a los cronopios y a su creador; el momento único previo a la tormenta; las siestas en la terraza devorando historias; el rato que paso tomando café con leche; cuando mi mamá me dice te quiero en un mensaje de texto; el llanto fingido con Camila; cuando escucho la voz de Jorge Drexler en una canción; cuando cocino y me espera una copa de vino detrás; cuando me llegó tu mensaje cortazariano a la madrugada diciendome que te ibas a colgar un cartel para que te reconociera; cuando mi papá me esperó con flores en la parada del colectivo; cuando mis primas me dejaron poner los patines; cuando mi abuelo me compró una bicicleta amarilla; el momento en que recibí un libro inesperado; cuando la Tata me contó su historia; el mate con menta del abuelo Coco en el galpón; encontrar esa estancia mágica en San Marcos; el piano de Luciana a la noche; los silencios, únicos silencios de los abrazos; la facturita con crema pastelera de la colonia de vacaciones; mi ventana de la casa nueva, llena de lluvia; el té de hierbas que me preparabas; Liliana Herrero sobre el escenario; el camino que hice con el caballo en Potrerillos; cuando el insulto se convirtió en qué me importa; el guiso de lentejas de mi abuela; cuando te escuché cantar; cuando descubrí que mi hermano era zurdo como yo; cuando aprobé matemáticas y supe que mi destino quedaba en la dirección opuesta; cuando encontré ese mail en la bandeja de entrada; cuando las peñas del coro se convierten en noches largas; Chopin llegado en el momento justo; cuando me descalzo; cuando al final del día me encuentro con tu sueño; cuando estrenaron en el cine Romeo y Julieta; cuando aprobé Investigación; cuando supe que además de Eva, pudo haber existido Lilith; esa vez que coincidimos; cuando encontré la película que estaba buscando sin el cartel de “alquilada”; cuando la flaca vino a visitarnos y acuñamos a “Polerín”; cuando brindamos por la casa nueva; cuando el café está listo y me llegan noticias tuyas, son, en dosis o porciones arbitrarias, pequeños reductos por donde la felicidad se asoma y sobrevive.

domingo

Rayuela

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—¿Qué es un absoluto, Horacio?


—Mira -dijo Oliveira-, viene a ser ese momento en que algo logra su máxima profundidad, su máximo alcance, su máximo sentido, y deja por completo de ser interesante.
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lunes

no permitas que nadie te enseñe a escribir, no dejes que nadie te de indicaciones, no te desalientes, no preguntes, aprendé solo , fijate que la inmensa mayoría es basura, que no te guste lo que escribís porque le gusta a la que te gusta, si lo que escribís le gusta a la que querés tirá todo eso, dejá lo que no entendés, no tirés nunca lo que te da vergüenza, poné los nombres verdaderos de tus parientes y amigos, si los cambiás vas a ver que ya no existen, y no se puede escribir de lo que no existe, no dejes que nadie te alabe, cuando te digan que es muy bueno lo que escribís empezá con otra cosa, si se te ocurre un poema escribí en prosa, si te viene una novela, escribí un poemita, nunca corrijas textos que sabés que pueden mejorar , corregí lo que no te acordabas que existía, no te olvides que los bailes están cargados, alguien los puso ahí para que vayas y creás que podés contarlos, escribí de lo que va a pasar como si estuviera pasando, inventá una escritura biográfica, no dejés que la realidad destruya tus papeles, cambiá la realidad para que se parezca a lo que escribís. Si cogés que sea para contarlo, no te encames por amor, nunca, si sufrís que sea para darle existencia a un personaje, no dejés que la experiencia te sirva para algo fuera de la literatura, sé un perro, siempre, apostá al caos, el tiempo después ordena todo, lo junta, la gente le pone nombre a todo lo que hiciste, no hagás caso, de nada, no sirve estar triste por lo que pasa, los que te destruyeron te odian, nunca olvides eso, los que te odian te envidian, no hay vuelta, los que te envidian te aman, y no olvides que esa noche de gloria es eterna y sirve para siempre, nunca vas a poder quejarte. ah, me olvidaba, hay que borrar todo esto…


(De: “Marquina”, incluido en “El Estado y él se amaron”. Daniel Durand)

jueves

una de Mairal

LA FAUNA EMBALSAMADA

¿esto es un poema?
¿estar a oscuras sin dormir
puede ser un poema?
¿si no hay nada
puede haber un poema?
¿si digo que respiro en este cubo negro,
no es algo ya? ¿no es demasiado?
¿no es mucho más que esto en realidad?
busco un silencio quieto entre paredes
una sola palabra de penumbra
cualquiera menos noche
porque noche está sólo permitida
a los poetas cósmicos
yo me refiero a este apagón del verbo
la boca ciega en la sombra de este miércoles
yo fui -yo quise ser- poeta natural, poeta cósmico
pero soy un poeta de edificio
poeta de ascensor
y no quiero dormir
quiero estar acostado sin luz en las palabras
por ejemplo:
¿adónde están las manos
de esta pregunta?
¿cómo es un poema en un departamento a oscuras?
yo que llamaba mulata, yegua de tinta a la noche
¿adónde voy a ir?
¿qué voy a hacer con mi fauna embalsamada
a las dos menos cuarto sin imagen
a tientas por el verbo del piso seis sin sueño?
vendo o alquilo mi fiel cosmogonía,
cambio sistema solar
por dos palabras ciertas
que consigan decir toda mi sombra.

Pedro Mairal
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Hay momentos bellos que sabemos que son finitos. Que se terminan al ratito nomás que han empezado. Inexorablemente. Momentos que pueden ser breves o durar los minutos necesarios. Son momentos que subyugan canciones. Momentos frutilla. Momentos aireados. Silentes. Momentos cornisa. Momentos que no pueden más. Momentos silueta, espejo, salitre. Momentos surco. Momentos cacao. Momentos que suman escaleras. Momentos tango. Momentos vértigo, lumínicos. Momentos sanguínenos. Momentos que tapan todos los ojos. Momentos mareo. Y son perfectamente identificables. Momentos que roen el cuerpo. Esos. Los que se viven mientras se está pensando, además y en paralelo en cómo vamos a hacer para olvidarlos.
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lunes

Deseo


Una casa.
Un pequeño espacio de luz que contenga mis papeles y mis canciones. Quiero una casa con ventanas y macetas. Y unos pájaros en la ventana bien azules y afinados. Y pasillos que me sostengan cuando me maree de alegría o de dolor. Quiero una casa que sea amarilla, o verde, o blanca. Que se deje pintar mientras la transformamos tarareando. Que suspire y yo la escuche. Quiero un susurro de estrellas en mi ventana cuando el insomnio venga, como siempre, a cuidarme el llanto y los sueños. Quiero una taza en esa casa donde haya café y té de frutilla. Donde haya una mano que me la alcance cuando el invierno amenace de frío. Una puerta abierta quiero, para los amigos y las brisas que el verano quiera regalar. Un balcón desde donde pueda verte, o quiera verte, o nada y sólo un vientito con olor a vainilla te recuerde. Quiero un tiempo de siesta en esa casa en otoño. Quiero lugar para mis pantuflas. Y unas copas de vino que puedan ablandar los labios de cualquier huésped. Una cama quiero, que me guarde y me entregue. Unas amigas que abracen cuando la casa sea refugio y trinchera. Y que sea una vieja canción compañera la que musicalice las vísperas de la cena con sopa de fideos de letras. Quiero una casa que mire al sur. Quiero unos libros que vivan de noche y anden por la cocina como fantasmas y abran las puertas y los frascos de galletitas. Y unas historias en esos libros en esa casa llena. Y un amor en la puerta. Y una tristeza. Quiero unos cuadros que nos saquen de viaje. Y unos viajes ciertos que me hagan extrañarla y abandonarla para que crezca y luzca distinta siempre a la vuelta. Un rincón quiero donde leer los libros que todavía no leí. Un sillón donde poder olvidar mientras lloro. Un horizonte con árboles y río, que me recuerden que esta ciudad se enamora. Y una ventana desde donde la lluvia sea sólo jazz y chocolates. Quiero un timbre que me sorprenda. Una casa quiero, que reciba mi cansancio y mis botas y no pregunte. Una mirada quiero en esa habitación. Quiero un mate a la mañana, que transforme el mal humor en medialunas y sea silencio y risas. Una mesa amiga con sillas ocupadas. Una mesa callada que nos recupere del día. Una casa quiero, una mantita en las rodillas y una poesía a medio terminar y que no se deje. Unos pisos que sostengan nuestros bailes alguna madrugada de fin de año. Una vereda quiero, que se ofrezca generosa las noches de verano. Y el sol, desde donde sea que aparezca. No sé si todo esto, o sólo algo será cierto. Pero lo deseo, y eso ya está en el mundo. Y me basta.

viernes

Consultalo con la almohada


—...Si no, tenés ésta, la almohada inteligente, con el interior de espuma de alta memoria y una suave funda de tejido de punto, que copia la forma de la cabeza durante el descanso y vuelve a su forma original una vez que levantás la cabeza... ideal para cervicales rectificadas.



—¿Inteligente, dijo?
.
.
.

(diálogo tristemente verídico)

domingo

Las ciudades invisibles, Italo Calvino

"Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos"






LAS CIUDADES Y LOS INTERCAMBIOS
En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, husmean otras miradas, no se detienen.
Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, con ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una figura a la otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que todas las combinaciones en un instante se agotan, y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto con cadena, una cortesana con abanico de
plumas de avestruz, un efebo, una mujer descomunal. Así, entre quienes por casualidad se juntan para guarecerse de la lluvia bajo un soportal, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi sin alzar los ojos. Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de opresiones, y el carrusel de las fantasías se detendría.

martes

itinerario de viaje

Que la montaña nos cerque con la elegancia de las alturas marrones
Que las uvas se desarmen a nuestro paso

y terminemos borrachos danzando
alguna de Blades
ay que te apunes, negro, y no encuentres los zapatos
que mi celular diga “no signal” y yo baile
que el sol nos dé de cara y nos ofenda tranquilo
junto al viento violento zonda musical
que nos lleve los bolsos y valijas
(y me deje sola con vos y el mate)
Y a nosotros solos
solos, con el mundo ése del rato en la montaña
y del vino recién pisado

que nos violente la cordillera
con sombreros de nieve
que nos pueda el pueblo que aparece cuando baja,
que “está junto a los cerros y al cielo”
que descubramos cuántas calles nos quedan
desde la terminal hasta el Palacio de la Moneda
(y que vos me señales ése norte falso que tenés)
Y que yo me ría y basta
¿Cuánto falta?
En un día llegamos al mar
Al mar
Al mar
Al mar de Neruda
…al mar!
¿Te diste cuenta?
Que la mujer que pase nos mire
Yo a Neruda lo conocí
Tenía una casita allá
Y la señale
“Hemos perdido aún este crepúsculo.

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo”
Me lo aprendí para vos
Para ver esta noche en Valparaíso
Sobre esta lona de colores y rayas
Y decir esto mientras me saco la arena de las sandalias
Y las casas de los cerros se prenden sobre el mar

Que en Isla Negra queramos tener una casa
Con niños y fantasmas
Que el mar nos reciba la botella que tenemos escrita hace tiempo
Y nos devuelva años, jazmines y hojas de menta.

s.o.s.


Me deshago. la tristeza llega siempre que estoy sola. cuánto de mí se va en el llanto. cuánto de mí se va. cuánto entiendo el mundo en las épocas felices. y qué poco me río cuando me traiciona. y me dice que es finito, y me esconde el mar.

es ahora cuando quiero ser pequeña. o quedarme en un dibujo de Quint Buchholz hasta que pase

en la botella pongo: “save our souls”

Y cruzo los dedos.

lunes

Despertarte

Despertarte a mitad
de la noche
y ver en el otro lado
de tu cama
a tu mujer llorando
es una experiencia importante.
Quiere decir,
entre otras cosas,
que mientras paseabas por los cuartos
iluminados de tu cerebro
algo se estaba gestando cerca tuyo.
Un error con el cual mantenés
una particular relación de intimidad.
Porque aunque no firmemos nada,
ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
pensamos que es para toda la vida
y así seguimos.
Botes, que durante la noche,
quedan amarrados al muelle,
golpeándose entre sí,
según el viento.
.
.
.
Fabián Casas.

martes

Pánico manuscrito


Hoy necesito:
Uno: Sentir que la poesía no está extinta de miedo
Dos: Creer que las letras aún tienen una razón para redimirme

El vacío
que no suena ni muerde
es la música de los que han entrado por estos ojos y viven
Y hoy están tan mudos como yo.
Como mi mano que no escribe.

El río no suena ni me da pistas

(Qué andará pasando por estos lugares, diosmío)

domingo

las partes del todo

A Julio.
Y a los otros virgo que analizan.


Un cronopio pequeñito buscaba la llave
de la puerta de calle en la mesa de luz,
la mesa de luz en el dormitorio,
el dormitorio en la casa, la casa en la calle.
Aquí se detenía el cronopio,
pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”
Julio Cortázar




Será porque los contrariados
Tienen esa forma de moverse
Qué se yo
Pero reconozco a un virgo a varios centímetros

Relojean
Relojean

Ordenan cada partícula de su afuera
Hacen listas
Buscan sentidos
Los encuentran
En una tapita de gaseosa
En una lombriz
En un pedacito de río en el vaso

Relojean
Combinan caos con hamacas y puentes
Atropelladamente ordenados
Abrumados

Albergan cronopios
almanaques
telefonos perdidos
Como si nada

Relojean
Revolean los ojos porque ya saben
Buscan descorazonadamente lo que ya tienen en la mano
Relojean

Y tienen tantas palabras
Que las tienen que decir
Desmenuzan

Arrancan pastitos y son felices
Clasifican pastitos y son felices

Y pierden cosas por el camino
Virgo bolsillos rotos

Relojean
Y si el cuadro está torcido, qué lindo el cuadro pero


(Quiero decir que te reconocería, Julio,
caminando por la Rue de Vaugirard
Larguirucho virgo ojos de pez

Acá somos varios, verás
Los que tiramos piedritas
Jugamos rayuelas
Y perdemos llaves)

Volver al futuro


Y yo, darte mis explicaciones del caso. Que me entiendas y te enojes tanto.

Que pases horas largas y turbulentas explicándome la paradoja del tiempo, la metafísica, las cosas que no hay que hacer cuando se viaja al pasado, y todos los consejos que el Doc le da a Marty en Volver al Futuro.

—dibujalo, porque no entiendo.

Y que hagas una zeta y cruces, y flechas. Y que no entienda. Y que bostece.

—El error más grande es hablar con uno mismo, interferir con los hechos…

—ahh…

Y que se hierva el agua mientras escucho con atención la curva que forma el tiempo cuando se viaja al pasado.

(El tiempo. Cuánto. Que el reloj se apiade. Que puedas llenar las mañanas de besos tibios por más tiempo. Tiempo. Voy a tejer una bufanda hasta que vuelvas. Voy a tejer una bufanda para que tardes menos en volver. Para matarlo, al tiempo)

Yo no entiendo mucho esto que tanto te gusta. Me olvido que el rayo cayó en la Torre del Reloj, a las 10:04, en 1955. Pero entiendo el tiempo que pasás explicando. Y tus ojos.

Y que te miro. Suspendida.

Diálogo



Y fui al río, como Juanele. Estuve cara a cara con el espejo. Y le hablé. Y me hablé.

—A esta Paraná de poca monta le sobran cielos


(Siglos de ceibos que no caben donde me voy.
Ciudad de pocas luces, vos que te prendés del pelo, te sigo con la mirada
Paraná.
Castaña.

Mundo minúsculo de calles absurdas, vos que terminás en jacarandaes suicidas que cortan caminos de cara al río.
No puedo sacarte de mi cabello, te dije, Paraná verduzca y malhablada.
Te desbordan azules, ciudad subibaja.
Mi bicicleta los guardó en cajitas de ombú.
Me llevo tu llanto de sauce, tu guarida de media tarde
En esta valija llena de esquinas que suelo ser cuando me voy)

—Cuando pregunten no podré hablar de vos. Diré que sos una diminuta gabardina con aires de ciudad. Y que llorás agudo. Para no morir.

Manifiesto de estación




—Todo es diferente cuando hace otoño —dijo cuando la ventana mostraba cenizas nuevas.

Insisto en querer caminar junto al ser más cercano y señalar la infinidad de hojas que revisten el piso. Insisto en quedarme sosteniendo con las dos manos una taza en la que puede haber sopa, café o té de menta peperina.
Los silencios del otoño parecen hablar del final del amor; de la tristeza sepia de las calles de Mendoza, de mi ciudad cuando está a punto de llover y corre algo que se parece al viento.

Un espasmo de cielo rojo conmueve cuando no tenemos tarea, ni trabajos por hacer, y nos quedamos a mirar este capítulo ambiguo y castaño que está musicalizado por nocturnos de Chopin. Cuando la tarde cavila y no se decide a ser fría del todo. Cuando el sol se guarda tibio y aunque amarillo y radiante, nos obliga a mirarlo en pantuflas.

Los bares devienen refugios. La cama es una trinchera y el mundo está afuera. Amenaza dulce de otoño. Las letras del verano buscan resguardarse de las nuevas borrascas. Y mis manos las archivan como ropas hasta pronto.

Hace otoño en mis calles y busco compañía. Busco a quien decirle que hace dos días era verano y que las veredas buscan caminantes de siesta.




Tenía que decirlo.

martes

confesión


Entiendo que no puedo escribir sobre el renglón

que les cuesta a las muy livianas correr por la línea


grafólogos y psicólogos harán sus análisis
.
y conjeturas

yo prefiero explicarlo diciendo que vuelan,
ellas
.
.
.

(presta su dibujo, Quint Buchholz, como siempre)

domingo

Mucho más grave

Muchas veces se ríe. Demasiadas. Trepa alto con las risas de quien respira los verdaderos soplos del mundo. Se cuelga del techo con su risa y cuando baja me abraza. Con los restos y gemidos finales de su carcajada yo me cubro la cara. Y lo miro soltar palabras y pareciera que las canta. Cuando habla deseo ponerme debajo de cada letra que su boca desprende y sentirlas caer sobre el pelo.

Una M grande que dice y deja resbalar, una M sonora y simpática que a él se le ocurre gritar. Me gusta que me nombre. Me gusta nombrarlo.

Me sorprende a cada instante saltando, ocultándose en rincones tan míos que no había tenido. Yo lo miro pasearse antes de cada acción y me sube con él. Me Mareo. 


Quiero alcanzarlo de a ratos y retenerlo en alguno de mis abrazos, pero la inmensidad no entra en brazos. Desisto.

Vuelve con puñados de sol para el desayuno. Ese mundo que me entrega a cambio del mío me emociona. Lo miro. Lo quiero. Lo miro: tengo ganas de decirle eso de la bahía linda y generosa. Y que no se vaya.

·.

.

.

.

(Dibujo de Quint Buchholz)



jueves

Palabras en extinción



Cuando terminé de leer la noticia en el programa, de que iban a eliminar ciertas palabras del diccionario por haber caído en desuso, comenzó a sucederme algo extraño. Una necesidad casi compulsiva y política de manifestarme en contra. Me sentía como Felipito Tacatún, cuando encerraron en una cajita con candado la Plapla que había escrito.
Porque bailaba y “las letras no bailan”.
Yo he visto palabras bailar, he visto palabras insistentes. He visto palabras hostiles que prefieren quedarse adentro y palabras que abandonan el papel cuando se cansan de ser leídas. A mí que no me digan.
Todos sabemos que el significado de las palabras no está en el diccionario. Pero el diccionario es el libro más consultado, después de la Biblia (porque para entender lo que dice la Biblia, hay que usarlo con frecuencia inusitada).

Entonces, las palabras que no estarán en ese diccionario, no existirán.
Quedarán vivas en algunas bocas que las seguirán profiriendo, gritando, susurrando. Hasta que desaparezcan por muerte dudosa o de silencio.

Hay gente que salva ballenas o limpia pingüinos empetrolados. Yo apadriné una palabra en extinción, frente al rechazo de un profesor, que insistía en borrarla de mi hoja.



Guiñarle el ojo izquierdo a las palabras
Restaurar sus huecos de primavera triste
(esos que le dejó el poeta cuando dolían)
Darles asilo cuando la Academia venga a buscarlas
Por obsoletas
Improductivas
Porque bailan y no se puede
Por irreverentes

(Porque el diccionario le teme al infinito. No puede subyugarlo. Le teme)

Parece ser hora de ofrecerles una habitación con vista al mar o a la vereda. Guarecerlas.
Y bailar tregua y bailar catala
Dejar a su disposición
  Café   escaleras   caramelos
Hasta que el universo se amigue con lo que no se mide.


martes

El río en coche


En el verano que guarda siestas y hamacas.
En el verano que siembra peces y moja los pies. Que baña de amarillos de cientos y amarillos tornasoles la piel.

En ese verano que hace arrugar la nariz y cerrar los ojos. En el verano de abejas, 
sones,
rituales

(En ese verano. Pero ahí está el río. Cuántos soles de día. Cuántos barcos. Está el río y la ciudad se deja ver si queremos. Pero si no queremos. ¿Vas a descalzarte? Pisá la arena. Las melodías insisten en prenderse de las ojotas).

En el verano de pájaros y ranas coristas. En ése de resplandores y tormentas pasajeras. En ese verano de nubes gordas y cargadas de agua bendita.

En ese verano me quiero quedar.
 
El regreso es dejar al río solo.


jueves

Página 330. El sur al fin.

—Quién sabe qué conjuros dieron con este paradero

De mujer sentada y lo llevaron

-volando, riendo- a tu ciudad de puras alas.

(Mariana, luego de haber leído la novela

que prometía viajes y mujeres con nombre de isla)

Isla de Chiloé, al sur del sur.

Dicen que si Ella sale a la mañana y comienza su danza mirando el mar, habrá abundancia de peces.

Si baila dándole la espalda, los peces se alejan.

De ella dependen los pescadores de la Isla de Chiloé, al sur de sur, en lo más azul de Chile.


miércoles

Invitación



Mi pequeño mortal está respirando en la oscuridad. 
Se mueve y necesito decírselo.
Sueña, pero tengo que decirle:

No dejes que alguien sepa dónde queda esta isla
Guardemos todos los pájaros
Coleccionemos las estrellas que se ven
Retengamos el sonido del mar acá, en este huequito de manos
Quedate conmigo 
Y con la gata que se nos arrima despacio


Mi mortal isleño sigue refunfuñando en sueños

Espero que en algún escondrijo de su oído
Haya quedado prendada esta isla de espuma y mar que le propongo.






lunes

Antes no pensaba en el tiempo. Ahora sí. Qué cosa.

"ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado"

joaquín sabina

A veces me visto de día soleado y salgo

Por las esquinas, cuesta abajo


Persigo conejos con relojes de mano
los saco de mi gorro
O de mi boca -como Julio- 
Desafino Va Pensiero

Y me río

Lleno de atajos mi biografía
La borro con el codo
Hago barquitos con esos infames papeles
                              O aviones, o tortugas.

Descuento la historia


(Vacío los cajones donde algún día dejaré mis zapatos
Deshabito la biblioteca donde pernoctarán mis libros
Lleno de aire azul el espacio donde alguna noche
Estaré escribiendo esto

Que termina

Acá)

viernes

Peces de luz


La lluvia cobija un beso
en la sonrisa de la ciudad
y el río viene creciendo en mi corazón
escucho voces de agua
que hablan al niño que vive en mí
y cantan una tonada que no aprendí

yo no sé porque elijo para quedarme
un escondrijo de tinta azul
donde quietos peces vuelven la tinta luz

La lluvia destiñe el río
y se descuelga para buscar
los peces de luz
que escapan por la ciudad

*

*

Letra: Livia Vives (gracias por eso)

sábado

Stay



Stay just a little bit longer

Please, please, please, please, please

Tell me you're going to



(...)

Tell me you're going to

Come on, come on

Come on and stay



(Maurice Williams)